Susurros de despedida

¿Cómo sienten los animales la muerte? ¿Hasta dónde son capaces de discernir entre más allá de no volver a ver a alguien y acostumbrarse a su pérdida y saber lo que ha ocurrido?

Dos gatos que han convivido durante largo tiempo, uno de ellos se aproxima a la caja en la que yace su compañero y allí permanece con la boca cerca de su oreja, como susurrándole palabras de despedida. Consciente de lo que está sucediendo o esperando que en algún momento se levante de nuevo.

6 comentarios en “Susurros de despedida

  1. La verdad es que es curioso a la vez que misterioso la forma que tienen de sentir como una vida se desvanece, o que está cerca de su final. Un perro que tuve, por ejemplo, en el piso donde vivíamos hace años, era una calle frecuentada por ambulancias ya que cerca había un hospital. Al principio creía que se ponía a aullar por el sonido de las sirenas, pero sólo lo hacía en algunos casos. Yo creo que era porque la persona que iba dentro, desgraciadamente estaba cerca del final.

    También hubo un día que no paraba de hacerlo, sin motivo aparente, y resultaba que una anciana vecina había fallecido mientras dormía. Da bastante respeto sinceramente.

  2. …No sé como sienten los animales la muerte, pero si sé como pueden llegar a aferrarse a la vida y luchar.
    Hace 16 años que nació una relación muy especial para mi, me adopto un perrito. La fortuna de saber lo que un ser así puede aportarte es indescriptible. Me enseño el significado de la bondad, el afecto desinteresado, el sentido de la humildad, la alegría en el mas sencillo sentido de la palabra, la sencillez, la generosidad y la lealtad.
    Pero obviamente la cara oculta de la moneda, porque siempre hay una, sin dudarlo, es ver como se ha ido y va deteriorando su salud, la salud física y psíquica. Si tengo que hacer un balance entre ambas, no se cual de las dos es mas insoportable. Si ver como poco a poco se va distanciando de todo, y medir y permitirle adaptarse a las limitaciones inmensas a las cuales ha de hacer frente en su vida de perro. Pero aun en condiciones difíciles, como son las suyas, verlo luchar así, inspira un valor y un coraje tremendos, ante todo una inmensa leccion de amor a la vida.

    No obstante, esta relación que ha sido tan intensa, no lo sigue siendo menos. A pesar de las circunstancias, ver cada pequeño atisbo de instinto de vida, una porción de autonomía, un ritmo de respiración sosegado tras la primera caricia al llegar a casa, me demuestra que aun esta aquí conmigo, tan generosamente como siempre lo hizo a lo largo de estos 16 años. Si antes las recompensas se las daba yo, cuando respondía adecuadamente, ahora es el quien me las da a mi, el intercambio continua, seguramente mucho mas intensamente que antes.

    Estar pendiente y temiendo cada mínima alteración en su ritmo de vida, ver como se va recuperando tras cada ataque y como va venciendo el hándicap que le produce….sinceramente es desgarrador.
    Sentir que estamos luchando ambos contra el tiempo, que cada día que pasa es un día que has robado al destino.

    Yo no sé si el sabe.

    • Senti la necesidad de recordar lo que un dia escribi aqui, cuando el aun estaba conmigo. Volver a sentir, o intentarlo al menos, sentir por un instante las mismas emociones de aquel momento.
      Por momentos el dolor es mas agudo. A pesar que los meses van pasando, casi 4 meses ya….demasiados, pero aun no los suficientes, aun no lo llevo muy bien.
      Hoy es un dia de esos….Es muy dificil exteriorizar, su foto en fondo de pantalla, no se si me ayuda, solo se que la necesito tener ahi.
      Lo que mas temo, es olvidar y que los recuerdos se vayan diluyendo lentamente.
      No se, quisiera retenerle.
      A mi mas fiel R.

  3. Diez meses han pasado, desde aquel 1 de noviembre anclado en mi memoria. Los recuerdos siguen acariciando, otras veces azotando los sentidos alegremente. Mientras tanto la vida sigue su ritmo inalterable y tranquilo. He cambiado algunas cosas, en cambio otras he sido incapaz. Por ejemplo su bol de agua sigue estando en el mismo sitio, era suyo, siempre con agua fresca, colocado sobre un reposapiés de lo más kitsch que había comprado para facilitarle la tarea al beber. Es de lo más curioso, poco tiempo después Toby empezó a beber en el, cuando antes nunca lo hacía.
    Me reconforta pensar que su ausencia es compartida de alguna manera, y cuando le veo beber en el, se me escapa una sonrisa y es inevitable…
    No sé que pasara dentro de tres días, cuando tenga que cerrar definitivamente la puerta de este piso. De alguna forma dejo aquí muchísimos recuerdos, que no podre llevarme conmigo sino en el pensamiento. Recuerdos que están impregnados en el espacio. No logro imaginarme viviendo en otro sitio y por tanto es inevitable.
    Me aferro a la idea de que no es más que una nueva etapa, sin duda, lo es, lo sé. Pero aun así, no puedo evitar esa sensación de separación, como aquel 1 de noviembre.
    A mi más fiel R.

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