Final Fantasy X regresará en HD

Final Fantasy significó para mí un antes y un después en la forma de entender los videojuegos. Lo que hasta entonces era poco más que un fontanero dando saltos fase tras fase (que no estaba mal) de repente se convirtió junto con la llegada de PS2 a casa en un mundo abierto de posibilidades y diversión. Acostumbrado a gráficos sencillos y a juegos de plataformas, se abrió ante mí una aficción que continúa 8 años más tarde y de la que nació mi otro blog de videojuegos (precisamente con esa primera entrada del mismo dedicada al mejor título al que he jugado nunca). Más de un centenera de horas, muchas de ellas dedicadas a minijuegos secundarios de larga vida como el Blitzball y muchas de ellas aún por experimentar con los eones oscuros y otros paraderos donde se ocultan criaturas infinitamente más temibles que el enemigo final de la aventura principal. Si me obligaran a destruir toda mi colección de videojuegos y sólo pudiera quedarme con uno, lo tendría muy claro en la respuesta. Por su historia, por su duración y retos que propone.

Ahora este Tokyo Game Show 2011 nos trae una noticia que cumplirá los sueños de muchos admiradores de este capítulo de la saga, ya que en el acontecimiento celbrado en Japón se ha anunciado que la décima entrega de la fantasía final llegará remasterizada en HD y no sólo eso, sino que podrá ser jugada tanto en PlayStation 3 como en PS Vita, lo que hace previsible y lógico que se lance en formato descargable o bien que sea distribuída en formato físico para cada una de las versiones de consola.

Si bien no es oficial, muchos usuarios ya hicieron hace tiempo vídeos en HD de sus juegos preferidos, con lo que podría quedar así.

Pues vamos contando los días que quedan para sacar de paseo a Yuna y a Tidus por primera vez.

El triste adiós a Andy Whitfield

Consiguió acabar en la ficción con la honorable casa de Batiato, consiguió esa ansiada libertad y cruzar las puertas camino de una historia que ya nunca más volverá a protagonizar. Quedará esta como su obra póstuma, con la imagen de un guerrero luchando por unos ideales y por la venganza de un amor arrebatado.

La noticia me pillaba por sorpresa como a la gran mayoría de fans esta mañana, a la que siguió un bajón imposible de superar ahora mismo, como es normal cuando se va una persona a la que no conoces pero que en las pocas semanas que se ha colado en tu vida a través de la pantalla, interpretando a un personaje por el que has sufrido y has llorado y con el que te has ilusionado, se ha ganado cierto cariño. Un personaje que vi por primera vez en un iPod de un compañero de trabajo, cuando aún sin salir en España, ya me recomendó la serie de Spartacus, enseñándome las espectaculares imágenes de uno de los episodios. Y fue justo desde ese momento en que la apunté y disfrutaría de la misma casi un año más tarde.

Andy viajaba más allá del sol y las estrellas en la mañana del domingo 11 de septiembre en un escenario muy diferente al de la arena que pisaba en la ficción. No había esclavos ni rivales, sino amigos y familia, no había una mujer por la que perseguir venganza sino que era ella la que con sus brazos le daba el último adiós, la que le conducía a esa libertad lejos de las cadenas. Y estoy seguro de que no se enfadará allá donde esté si se nos escapa alguna lágrima.

He hecho esto porque es justo.

La sangre exige sangre.

Hemos vivido y perdido con sus caprichos durante mucho tiempo.

Y no quiero que sea así.

Vuestra vida es vuestra,

forjaos un camino o unios a nosotros

y juntos…

¡veremos cómo tiembla Roma!

¿Dónde estabas cuando ocurrió lo del 11-S?

Ocurre una cantidad ingente de situaciones a lo largo de la vida, con fecha y hora, pero sólo unas pocas afectan al ser humano de forma global o son de una importancia vital para el propio país. Se pueden contar con los dedos de la mano y sólo cuando el tiempo pasa, uno se para a pensar, todos se paran a pensar qué es lo que estaban haciendo y dónde se encontraban cuando aquello ocurrió.

Mirando atrás en el tiempo recuerdo como pequeñas diapositivas nuestro 23-F, cuando frente al portal de mi tía Emilia como cada tarde me encontraba jugando, con apenas 2 años de edad, con mi camión sobre el que me montaba y en el que podía guardar juguetes en su interior para llevarlos a cualquier parte. Estaba terminando un breve recorrido, dispuesto a bajar, cuando mi madre llegó por detrás, rauda y veloz, me arrebató el camión, me cogió la mano y me llevó a toda prisa a casa. Y es este el único recuerdo que tengo con esa edad, toda mi memoria, excepto alguna imagen suelta, antes de tener 5 años, parece haber quedado sepultada bajo los acontecimientos venideros.

Ahora, 10 años después, cuando uno ve la fotografía de “The falling man”, los documentales con esas imágenes aterradoras de la primera colisión, la siguiente, y el derrumbe de las torres como si se nos obligase a repetir el dolor por partida doble, es el momento de preguntarse, ¿dónde estaba aquel 11-s?

El acontecimiento del 11-S me pilló en la habitación, después de comer. Una vez más fue mi madre, rauda y veloz la que me avisó de que había habido una explosión en una torre muy alta (no me especificó) y muy importante de los EEUU. Corrí al salón y allí estaba la nube de humo sobre una de las torres del World Trade Center. Tanto los periodistas que cubrían las noticias de todo el mundo como nosotros, estábamos desconcertados. Que si una explosión en el interior, que si una avioneta había chocado, una gran confusión en la información. Creyendo que había sido un choque fortuíto de una avioneta contra el edificio, así me fui a pasear a Yoko, con la intriga en el cuerpo.

Cuando acabé el paseo enseguida me situé frente al televisor, sin saber que me pasaría por primera vez en mi vida 7 horas seguidas sin despegar ojo aquel día de la pantalla. Cuando aún no nos habíamos recuperado de la primera explosión, de repente surgió otra. El plano hacía suponer que la explosión era en el mismo edificio, pero una segunda cámara vino a confirmar que aquello ya no era algo fortuíto, sino que un avión había impactado contra la otra torre y el atentado terrorista comenzó a cobrar relevancia hasta confirmarse.

Horas angustiosas en las que los sentimientos humanos salieron a la luz por todo el mundo, la desesperación, la impotencia de ver aquellos dos majestuosos edificios caer y dejar un espacio en blanco y las miles de vidas en su interior, elegir el suicidio tirándose por las ventanas, el pensar qué pasaría por sus mentes y qué verían allí dentro para elegir esa muerte.

Han pasado 10 años y aún hoy siguen apareciendo testimonios de esos miles de familiares y de los supervivientes que uno no se cansa de escuchar, porque fue una historia que, más lejos o más cerca vivimos todos juntos con el corazón en un puño.

Cuando las ofertas caen del cielo

Cuánto tiempo y energía hemos gastado buscando esa plaza en la Universidad a la que queríamos acceder y que conseguimos con esfuerzo gracias a un buen trabajo de estudios, ese trabajo de después que tanto ha tardado en llegar después de revisar periódicos, echar curriculos, patearse Madrid en busca de pisos de alquiler medio derruidos de esos que creíamos que ya no podían existir y en los cuales la vida es inhabitable. Cuánto hemos luchado por ser quienes somos y por sacar algo adelante, por sacarnos a nosotros mismos adelante.

Y de repente, de vez en cuando, llega una oferta como caída del cielo y nos abre una brecha que no nos permite conciliar el sueño. ¿Dejar todo lo que hemos conseguido con esfuerzo por una oportunidad a la que no hemos llamado pero con la que siempre hemos soñado? Y el sueño no ha cambiado, sigue ahí perenne en algún lugar secreto y hay veces que tiramos para adelante con él y todas sus consecuencias y otras veces en que descubrimos que realmente nuestro sueño lo tenemos tan cerca como que lo hemos construído día a día y lo estamos tocando.

Olvidarte hoy

Canciones que llegan en los momentos propicios, melodías que se insertan como una vitamina que imprime ritmo al corazón y ponen en marcha todos los sentidos. Pies que se mueven solos al compás de ese estribillo tan pegadizo que deseas escuchar una y otra vez.

He perdido tanto tiempo contigo
Que ya no puedo entregarme más
Solamente te pido que entiendas
Que nuestra calma nunca llegará

Tus desaires, manias y celos
Al fin me han hecho despertar
Quiero acabar con este mal sueño
Tan solo quiero olvidar

Los momentos
Que vivimos en mi cama
Enredandonos entre besos y caricias
Nuestro tiempo se acaba
Ya no queda esperanza y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
No me pidas nada, que nada te doy
Que no, que no, que no
Que no me valen tus lagrimas
No me dan pena y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
No me pidas nada, que nada te doy
Que no, que no, que no
Que no me valen tus lagrimas
No me dan pena y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
Olvidarte hoy

Por más que intento borrar tus recuerdos
Más me cuesta respirar
Salgo en las fotos riendo contigo
Y ahora no dejo de llorar

Es muy fácil decir que me quieres
Y mañana dios dirá
No me cuentes historias de cuentos
Que ese cuento quiero acabar

Los momentos
Que vivimos en mi cama
Enredandonos entre besos y caricias
Nuestro tiempo se acaba
Ya no queda esperanza y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
No me pidas nada, que nada te doy
Que no, que no, que no
Que no me valen tus lagrimas
No me dan pena y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
No me pidas nada, que nada te doy
Que no, que no, que no
Que no me valen tus lagrimas
No me dan pena y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
No me pidas nada, que nada te doy
Que no, que no, que no
Que no me valen tus lagrimas
No me dan pena y lo mejor es dejarlo aqui

Y olvidarte hoy
No me pidas nada, que nada te doy
Que no, que no, que no
Que no me valen tus lagrimas
No me dan pena y lo mejor es dejarlo aqui

Pies para qué os quiero

Son los últimos en ver la luz del sol y sin embargo son los primeros en pisar tierra firme cada mañana. Soportan una pesada carga mientras nos conducen a nuestros sueños, mientras sufren la fatiga, el cansancio, la soledad y las adversidades. Conejillos de indias para saber si hace frío o calor antes de que el resto del cuerpo se sumerja. Artistas sobre el escenario. Perfectos atletas que reaccionan en milisegundos para correr lejos.