Frágil

Cuando Yoko llegó a casa por primera vez, comenzaron los preparativos para esa noche. Preparamos una caja de cartón en la que pudiera sentirse protegido, una manta para no pasar frío y un reloj para simular latido de un corazón, para recrear el mismo escenario maternal. No teníamos ni idea de animales ni de los cuidados, lo preparamos todo rápidamente y por suerte todo salió a la perfección, poco después descubriríamos el por qué y aprenderíamos parte de los secretos de la fauna doméstica.

Aquella caja improvisada, frágil, duró apenas un par de semanas como vínculo entre la vida que llevaba hasta ahora y la que iba a vivir desde ese momento. Pronto no hizo falta una caja, ni una manta ni el sonido del tic tac de un reloj despertador, él se convertiría en el despertador de toda la familia. El vínculo ya estaba sellado.