¿Dónde estabas cuando ocurrió lo del 11-S?

Ocurre una cantidad ingente de situaciones a lo largo de la vida, con fecha y hora, pero sólo unas pocas afectan al ser humano de forma global o son de una importancia vital para el propio país. Se pueden contar con los dedos de la mano y sólo cuando el tiempo pasa, uno se para a pensar, todos se paran a pensar qué es lo que estaban haciendo y dónde se encontraban cuando aquello ocurrió.

Mirando atrás en el tiempo recuerdo como pequeñas diapositivas nuestro 23-F, cuando frente al portal de mi tía Emilia como cada tarde me encontraba jugando, con apenas 2 años de edad, con mi camión sobre el que me montaba y en el que podía guardar juguetes en su interior para llevarlos a cualquier parte. Estaba terminando un breve recorrido, dispuesto a bajar, cuando mi madre llegó por detrás, rauda y veloz, me arrebató el camión, me cogió la mano y me llevó a toda prisa a casa. Y es este el único recuerdo que tengo con esa edad, toda mi memoria, excepto alguna imagen suelta, antes de tener 5 años, parece haber quedado sepultada bajo los acontecimientos venideros.

Ahora, 10 años después, cuando uno ve la fotografía de “The falling man”, los documentales con esas imágenes aterradoras de la primera colisión, la siguiente, y el derrumbe de las torres como si se nos obligase a repetir el dolor por partida doble, es el momento de preguntarse, ¿dónde estaba aquel 11-s?

El acontecimiento del 11-S me pilló en la habitación, después de comer. Una vez más fue mi madre, rauda y veloz la que me avisó de que había habido una explosión en una torre muy alta (no me especificó) y muy importante de los EEUU. Corrí al salón y allí estaba la nube de humo sobre una de las torres del World Trade Center. Tanto los periodistas que cubrían las noticias de todo el mundo como nosotros, estábamos desconcertados. Que si una explosión en el interior, que si una avioneta había chocado, una gran confusión en la información. Creyendo que había sido un choque fortuíto de una avioneta contra el edificio, así me fui a pasear a Yoko, con la intriga en el cuerpo.

Cuando acabé el paseo enseguida me situé frente al televisor, sin saber que me pasaría por primera vez en mi vida 7 horas seguidas sin despegar ojo aquel día de la pantalla. Cuando aún no nos habíamos recuperado de la primera explosión, de repente surgió otra. El plano hacía suponer que la explosión era en el mismo edificio, pero una segunda cámara vino a confirmar que aquello ya no era algo fortuíto, sino que un avión había impactado contra la otra torre y el atentado terrorista comenzó a cobrar relevancia hasta confirmarse.

Horas angustiosas en las que los sentimientos humanos salieron a la luz por todo el mundo, la desesperación, la impotencia de ver aquellos dos majestuosos edificios caer y dejar un espacio en blanco y las miles de vidas en su interior, elegir el suicidio tirándose por las ventanas, el pensar qué pasaría por sus mentes y qué verían allí dentro para elegir esa muerte.

Han pasado 10 años y aún hoy siguen apareciendo testimonios de esos miles de familiares y de los supervivientes que uno no se cansa de escuchar, porque fue una historia que, más lejos o más cerca vivimos todos juntos con el corazón en un puño.

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