Dime qué es lo que ves aquí

Donde casi todos veían un sombrero, yo veía una serpiente que se había tragado un elefante. La conformidad, los deseos, los miedos, la imaginación, todo queda patente detrás de una imagen que puede convertirse en aquello que tú deseas que sea. Y al final siempre las mismas conclusiones, un porcentaje muy alto verá lo que la mayoría ve, tan sólo aquellos que en su interior guardan miedos y deseos o los que dejan volar la imaginación serán capaces de vislumbrar tras las formas algo que hacen suyo y especial, que los define.

Que qué veo yo detrás de esta imagen… un perro que alza sus dos patas delanteras hacia su amo que permanece de pie. Y lo que hay en la imagen no tiene nada que ver.

Del bautizo, del camarero con superpoderes y de los árboles de los recuerdos

11 a.m. Partimos rumbo a Boadilla del Monte para una celebración que no cumplirá con nada con las tradiciones establecidas en lo que a un bautizo se refiere. Ni será en la iglesia “de toda la vida”, ni la celebración vendrá después de la ceremonia, ni la duración ni las personas que asistimos serán cuantiosas y otras cosas que estaban por llegar en un emocionante día con sorpresa incluída.

Si, lo normal en toda celebración, ya sea bautizo, comunión o boda, es asistir al evento y posteriormente celebrarlo en compañía. Pues el nuestro fue diferente, primero la celebración y después el bautizo. Por supuesto ya avisé a mi sobrimo mayor que si después al cura se le ocurría decir eso de “que lo paseis bien en la celebración”, que se quedase calladito xD No, al final no lo dijo, pero si lo llega a decir, las risas habrían salido seguro.

Una celebración a las afueras de Boadilla en el restaurante de comida ecológica gallega, el Espazo Enxebre, que para nosotros a partir de ayer ya tiene otro nombre y en el que poder disfrutar tanto de una hamburguesa con ternera ecológica y lechuga fresca, como de marisco, carne o unos huevos fritos ecológicos con patatas, tarta gallega o un yogur naturalmente ecológico. Un espacio muy rudimentario donde uno puede hacerse la carne si la quiere más hecha gracias a unos pequeños hornillos, llegando a convertirse la comida en una pequeña acampada si uno se lo propone. Una acampada con espectáculo incluído.

Unos hornillos que dieron dos sustos que pudieron haber acabado en tragedia. Al poco rato de comenzar a comer, una mesa detrás de la nuestra se incendió al caerse, algo que enseguida se solventó. Cuando a uno no le toca de cerca, pues no pasa nada. El gran susto llegaría después. Nuestro hornillo se quedó sin gas y le pedimos al camarero que nos trajese otro para completar el asado de la carne poco hecha. Llegó a nuestro lado con otro nuevo aparato, cogió un mechero y… evoilá… magia, aquello se convirtió en una gran bola de fuego que le envolvió la mano. Con un rápido gesto, como si fuese un superhéroe de comic, el hornillo envuelto en llamas pasó rozando la cabeza de mi madre y el camarero lo lanzó en un acto reflejo por encima de una mesa hacia la entrada del local, justo en el momento en que mi sobrino con mi sobrina pequeña y otro niño pasaban por allí, a este último pasándole por encima de la cabeza.

“¿No habías visto nunca a un superhéroe niño? Pues mira, ya lo has visto.”

No sé si ese niño volverá a leer los comic de superman xD pero la experiencia ya nos quedó grabada para el resto del día, aquello pudo acabar bastante mal. Ahora uno lo ve como una anécdota, la verdad es que nunca comer en un arestaurante había sido tan arriesgado.

Y tras la celebración, el bautizo. Un bautizo en una iglesia que hubo que buscar con el GPS xD sí, con el GPS y ni eso, ya que el GPS se hizo la picha un lío y no fue capaz. Me pregunto si cuando Sofía crezca y tenga que buscar esa iglesia para recoger el registro la encontrará, en ese caso le indicaremos que está en unas calles laberínticas rodeadas de setos y que vaya por allí hasta encontrar una torre alta. La verdad que cuando a uno le dicen que tiene que ver una torre alta, se imagina una torre de ladrillos, pero no, jamás había visto una iglesia tan extraña, la torre no era de ladrillos, sino que formaba la propia iglesia y era de metal, un edificio metálico redondo en su base y terminando en punta como si fuera un embudo. Eso sí, dentro las vistas espectaculares, con esa torre con vidrieras de colores.

La ceremonia duró poco, apenas 6 minutos tradicionales con la unción y el agua y Sofía llorando al recibirla como era de esperar. Antes de ir a tomar algo en esa segunda celebración, nos recreamos entre los árboles dentro del recinto de la iglesia, un espacio tranquilo y curioso, donde cada árbol lleva grabadas las iniciales de todos aquellos que un día contrajeron allí matrimonio, los árboles del recuerdo. No pude evitar pensar mientras miraba aquellas letras, enaquellos que después de algunos años regresasen para los bautizos de sus hijos o comuniones y señalasen sus iniciales recordando viejos tiempos.

De aquel espacio, y como final a un día que recordaremos siempre, me llevo esta bonita imagen grabada en mi cabeza:

Yo te bautizo…

Un año, un mes y once días después de aquel día de tormenta, no sé si las tormentas harán de nuevo acto de aparición por Madrid mañana por la mañana, pero por fin es el bautizo de Sofía, nombre provisional con el que la llamamos si nos atenemos a esos cánones de la religión en la que entrará a formar parte.

El bautismo se ha convertido en una tradición difícil de separar de nuestras convicciones. A pesar de no pisar la iglesia, a pesar de obviar todo aquello que conlleva la religión en la cual nos hemos criado, se hace complicado pensar que no vamos a ofrecer a los pequeños aquello que nos inculcaron a nosotros un día, por mucho que después lo hayamos dado de lado para simplemente vivir la vida lo mejor posible y sin hacer mal a nadie. ¿No sería mejor dejar que la persona que ha de recibir los sacramentos sea la que decida si quiere o no? Una pregunta a la que los padres deben responder y que a veces deciden pensando en lo mejor o simplemente en esa tradición (no salimos ni tan mal parados de aquello) que conlleva un acto bonito, el que después recordar mirando el álbum de fotografías al menos, en caso de que quede como una simple anécdota. Y no sería en este caso un desprecio hacia la religión que nos ha visto crecer, sino el resultado de impregnarnos de algo que en su día nos emocionó y querer volver a vivirlo, que ya es bastante.

Un bautismo con agua y fuego, más mañana.

Vega comienza “La cuenta atrás” con “Como yo no hay dos”

¿Cuantos veranos, otoños, primaveras e inviernos lleva ya Vega entre nosotros con su música? Bastantes. Esa chica que hace ya casi 10 años me dejaba con la boca abierta en sus castings por su característica y única voz y una guitarra, la que discutía en la academia con su principal rival y con la que se batió en un doble duelo en la expulsión más larga de la historia por empate técnico, la que logró situar más de 200,000 copias de su primer single que le hicieron merecedora de ese primer disco al que seguirían muchos otros. La que no era querida por la mayoría del público pero que sin embargo se nos ganó por su trabajo, constancia, empeño y que fue y es como es, le guste a quien le guste.

Ahora Vega regresa el 20 de septiembre con “La cuenta atrás”, disco para el cual ya ha anunciado su portada hace escasas horas y que llegará con la canción “Como yo no hay dos” y su vídeo como telón de fondo para cubrir este espacio de poco más de 30 días que nos separan de su nuevo trabajo musical.

A aguantar toca… comienza la cuenta atrás.

La chica que se sentó detrás de mí

Llegó un buen día recién incorporada, sin haber encontrado sitio. Yo me encontraba atareado con dos clientes pero quizá es un acto incontrolable el querer ver cómo otros llegan igual que tú llegaste al mismo lugar, esos nervios del principio, esos consejos… por eso me di la vuelta y me la encontré. Pero no fue como siempre, no hubo consejos y ella me preguntó que yo qué hacía.

Así comenzó una larga unión de compañeros, con risas bobas, con bromas e incluso alguna que otra discusión fuertecilla con reproches (que no debe faltar la alegría). Hoy sin saberlo llegaba nuestra “última broma”, hablando de aquello que tantas veces habíamos hablado y con lo que habíamos disfrutado. Todo roto. Cuatro años y medio y una despedida de aquella chica que se sentó detrás de mí.

El polo de hielo de 10 pesetas

Veinte años quizá no sean muchos, o sí, depende de cómo se mire, cuando no era más que un enano y me acercaba a la barra del bar de la piscina, en el lateral derecho, el del asador de pollos, el de la venta a los niños, y pedía mi polo de hielo de coca cola o de fanta o limón desembolsando apenas 10 pesetas, que a partir de un año comenzaron a subir a un ritmo de 5 pesetas al año hasta estancarse en las 45 pesetas. Para ese momento los helados ya pasaron a costar entre las 150 y 250 pesetas, una cifra exagerada y que no me podía permitir con mis 100 pesetillas de sueldo semanal a no ser que mi deseo convencise a quien tenía que hacerlo para poder degustar algo que no fuese de hielo.

Pero bien contento que estaba con un poco de 10 pesetas que me refrescaba y que se convirtió casi en ese punto de reunión de cada tarde después de una dura jornada en la piscina, de juegos y de deporte, justo antes o después de la cena.

Cada año de apertura de piscinas, me acercaba a ver el catálogo de polos que habría y llegó un momento en que esos polos desaparecieron dejando paso al twister y al frigopie y ya nunca volvieron, y se perdieron esos momentos de reunión en la barra lateral antes o después de la cena y se perdió esa magia de un simple polo de hielo a 10 pesetas.

Carry on my wayward son

La meta era esa cima siempre soñada, la que permaneció ahí año tras año tras la ventana, siempre inmóvil, esperando, aguardando a que un ser humano como tú la escalase y descubriese todos sus secretos. No sólo alcanzaste una cima, lograste algo más que no se puede ver.

Es hora de regresar, de hacer el camino de vuelta y descansar ahora que ya lo has cumplido y conseguido algo aún más especial. Sabes que cuando cada mañana te levantes ya no sentirás que queda algo pendiente, simplemente sentirás paz.