La chica que se sentó detrás de mí

Llegó un buen día recién incorporada, sin haber encontrado sitio. Yo me encontraba atareado con dos clientes pero quizá es un acto incontrolable el querer ver cómo otros llegan igual que tú llegaste al mismo lugar, esos nervios del principio, esos consejos… por eso me di la vuelta y me la encontré. Pero no fue como siempre, no hubo consejos y ella me preguntó que yo qué hacía.

Así comenzó una larga unión de compañeros, con risas bobas, con bromas e incluso alguna que otra discusión fuertecilla con reproches (que no debe faltar la alegría). Hoy sin saberlo llegaba nuestra “última broma”, hablando de aquello que tantas veces habíamos hablado y con lo que habíamos disfrutado. Todo roto. Cuatro años y medio y una despedida de aquella chica que se sentó detrás de mí.