Instinto

No llevamos aquí unos meses, ni años, ni siglos, llevamos viviendo milenios, viviendo nuestras vidas bajo un patrón común, unas necesidades básicas que no nos podemos saltar. Podremos practicar más o menos deporte incluso obviarlo, podemos decidir si ver la tele, escuchar música, estudiar una carrera y convertirnos en artistas. Y mientras estas decisiones se llevan a cabo no podemos olvidar que las necesidades originales siguen ahí, recordándonos lo que somos.

Que unas pequeñas partículas en nuestro cuerpo puedan conservar y arrastrar la memoria y las costumbres a lo largo de generaciones durante miles y miles de años produce algo de miedo, partículas que nos confieren la necesidad de respirar cuando salimos del vientre materno, el instinto que nos lleva a cometer acciones antes incluso de que podamos haberlas aprendido.