Que comience el espectáculo

El cuarto de baño y su habitación son camerino improvisado. Con cuidado desenfunda ese traje tan especial, uno que provoca risas incontroladas, ese que hace que de vez en cuando las caras de quien mira se queden desencajadas reflejando en su semblante auténtica sorpresa y asombro… y lo sabe. Por eso lo cuida como si fuese un tesoro y lo trata con mucho respeto.

Mientras se refleja contra el cristal y cambia todo su rostro, la persona que se oculta debajo de aquel nuevo cuerpo piensa en su destino, su escenario, el que no está lleno de luces de colores, ni focos que iluminan a una estrella sobre él, tampoco hay cortinas ni telones, ni sillas ni atrezzo para decorar. Su escenario está bañado por la luz de la luna, a veces la del sol, sus asientos son las calles, toda la obra está al descubierto y la decoración la pone la naturaleza urbana.

Con firme decisión, después de muchos años con la misma ilusión infinita, agarra sus pertrechos y se evade del mundo, aún sabiendo que hará disfrutar a los que le rodean, para ofrecer todo lo que sabe hacer, esta es su vida, su otra vida.

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