Las cosas buenas duran el tiempo suficiente para recordarlas

Un día que tiene 24 horas, un año de 365 días y toda una vida. Al final, del vagar de los años y de tantas horas, días, años de tiempo, es curioso que cuando uno echa la vista atrás lo que recuerde como momentos intensos de la vida son espacios de tiempo que no duraron más allá de unos minutos y cuando más una estación llena de momentos únicos.

Gran parte del tiempo lo empleamos como seres humanos para funciones básicas como dormir, comer, movernos. ¿Y si todo ese tiempo pudiera ser recordado con la misma intensidad? Quizá entonces desaparecería esa sensación de nostalgia, esa sensación de haber sido feliz en alguna vez y ya nada sería lo mismo. Porque cuando miramos atrás y recordamos esos minutos intensos que tanta felicidad nos trajeron, se dibuja una sonrisa y el corazón se crece desbordándonos hasta el punto de que nuestro cuerpo reacciona llorando o riendo y haciéndonos ver que la vida en sí se concentra en pequeños momentos, que las cosas buenas duran el tiempo suficiente para recordarlas.