Grandes esperanzas

Nuestras vidas no son como un reality, donde más de cuarenta cámaras graban todos nuestros movimientos y donde otras cuarenta graban los movimientos del mundo que nos rodea, el que habla de nosotros, el que se mueve con nosotros y hace que seamos quienes somos. No podemos, es imposible controlar y ver todo lo que sucede a nuestro alrededor, una crítica, un halago, a veces llega hasta nuestros oídos y otras veces se pierde sin poder controlarlo.

Nos enfocamos hacia lo que sentimos, hacia esa cosa en concreto que se pone en nuestro punto de mira, tenemos un objetivo y todo lo que se escape a nuestra vista es como si no existiese. Pero eso que parece no existir, tiene vida, una vida como la nuestra, se mueve a su propio ritmo y en cualquier momento interrumpe dándonos una bofetada en la cara, situándose enfrente de nosotros y diciendo “eh, estoy aquí”. Y como nos hemos perdido su existencia por estar concentrados en otro objetivo, el asalto nos parece fuera de lugar y toda una sorpresa inesperada.

Querer a alguien es una de esas cosas que nos hace perder la cabeza. Quién no se ha quedado horas mirando a esa persona que tanto le gusta, intentando buscar la manera de dar cada día un paso más hacia adelante para estar cerca de ella. El mundo alrededor en esos momentos no existe, pero se sigue moviendo, a su ritmo. Y a su ritmo mientras nosotros hacemos eso, otros hacen lo mismo y quizá nosotros seamos el objetivo, esa persona que hace perder la cabeza, pero no somos conscientes porque tenemos el nuestro propio.

Y de repente un día, quizá viendo “Grandes Esperanzas”, esa persona que considerabas amiga y que siempre estaba a tu lado, a la que contabas tus deseos, intimidades y penas y alegrías, destroza todo tu universo y le da un vuelco, se pone frente a ti y te dice “me gustas”. Yo, concentrado en mi propio mundo, pensando que la realidad era la que mi cabeza había imaginado, pero no… nuestra vida no es un reality que se grabe minuto a minuto, no vivimos solos con nuestros objetivos, millones de personas se cruzan cada día, millones de objetivos y deseos como los nuestros, imposibles de discernir, hasta que de repente un día te pegan una bofetada y te susurran al oído si deseas continuar tu camino o tomar otro sendero.