Noddy sobrevive. Los maltratadores de animales no descansan en verano.

Ayer cuando mi cuñado se acercó a ver a los perros en la parcela, a Noddy, a las dos perras y al Husky Siberiano, se encontró un escenario dantesco. Lleno de bultos en la cabeza y otras partes del cuerpo el Husky yacía inmóvil y solitario en el terreno. Algún hijo de puta maltratador que no tenía nada mejor que hacer, se cebó con él. Al ir a recogerlo, se le derramó la sangre por los oídos, le habían reventado por dentro a base de golpes. Ahora descansa en paz junto con Lobito.

Todos los demás perros, las dos hembras y Noddy, habían desaparecido y no habían dejado rastro. Esta mañana temprano, al regresar, al menos no todo fueron malas noticias, no se sabe de dónde, Noddy había regresado totalmente sano y a salvo, aunque las otras dos perras están en paradero desconocido, quizá se las llevaron o quizá también terminaron huyendo del hijo de puta ese.

De Noddy no era de extrañar, pequeño, ágil y veloz como ya pude descubrir el pasado verano inolvidable que pasamos juntos, ha conseguido salvar su vida. Volver al piso ya no es una opción, todo este tiempo al aire libre con mucho terreno para correr y jugar, lo han adaptado a ese estilo de vida. Habrá que seguir soñando con esos mordiscos en los talones y con su manía de subirse a todos los bancos de la calle.

Un comentario en “Noddy sobrevive. Los maltratadores de animales no descansan en verano.

  1. Me alegro muchísimo por Noddy. Me da mucha rabia que exista gente así. Posiblemente el Husky fuera el que intentara proteger y defender de que entraran en la parcela y se llevó la peor parte…

    Te voy a contar una historia que creo que te gustará. Hace dos semanas he adoptado un gatito de unos cuatro meses. Salía de casa y el portero me lo ofreció. Sabe que me encantan los animales y que tengo dos gatos.

    Lo había cogido en los garajes de casa. El portero le llamó y el acudió. Lo había visto por los jardines hacía unas semana y pedía comida a los albañiles que están haciendo obras en la finca. “Que ya no tengo más comida” le decían. Estuvo otro par de días con el portero. Lo dejaba sólo en una habitación de la finca por las noches. Su mujer no quería que se lo quedara. Por las mañanas le traía leche y durante el día, algunos niños pequeños jugaban con él, lo subían a su casa y le daban jamón.

    Cuando el portero me lo ofreció, el pequeño estaba jugando inocente y sólo con una pelotita. Tenía pensado llamar a una protectora porque los vecinos podían protestar si se enteraban que lo dejaba en la habitación. Yo saĺia de casa con la hora justa y me dio tanta pena que lo dejaran en la protectora de animales, porque si no consiguen adoptarlo, terminan poniéndoles la inyección. Así que decidí adoptarlo. Regresé a casa dándome mucha prisa para conseguir llegar antes de que el portero terminase su jornada laboral. Tiene un carácter estupendo y es maravilloso. Todo blanquito con la carita y cola negra como si tuviera un antifaz y con un lunar negro a modo de antojo en el lomo derecho.

    Uff, vaya rollo te he soltado…

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