Cambiar

Hay aquellos para los que un cambio les supone un trastorno. Uno llega a acostumbrarse tanto a las cosas, que cuando cambian o ya no existen, producen un malestar irreconciliable con la nueva situación. Y este síntoma se acentúa más cuanto más apegados y más tiempo hemos pasado haciendo lo mismo en el mismo lugar, echando raíces.

Mi vida ha estado llena de cambios, aunque reconozco que aún me queda un gran paso por dar y en algún momento llegará tarde o temprano. Tras parvulitos, cambié de colegio por uno más cerca de casa. Una vez finalizado 3º de EGB volví al colegio de mis hermanas, después de terminar todo aquello, FP ocupó en un nuevo isntituto 5 años más y al año siguiente tras finalizar por un desvío del destino otro instituto me vio llegar durante un solo año intenso para después echar a volar fuera de la ciudad donde encontré a mis primeros verdaderos amigos, los que hoy son. Tres años y medio después un verano inolvidable, uno de mis dos veranos inolvidables de esos que a uno le gustaría repetir por siempre. Nuevos amigos y mil historias recogidas en sólo dos meses que parecieron una vida.

Si alguien me pregunta qué es cambiar, diré que cambiar es bueno, te permite conocerte en diferentes situaciones, con gente distinta cada vez, aprender, evolucionar hacia algo incierto. La estabilidad crea una especie de barrera protectora que se va haciendo más y más gruesa a medida que pasa el tiempo. Cambiar es romper esa barrera y dejar al descubierto un mundo de posibilidades donde las direcciones se tornan infinitas.