Tiempos difíciles, el cierre de MORO (recuerdos de Moro Hogar y demás)

Después de más de 140 años, ver cómo una empresa que ha formado parte de la imagen de una ciudad cierra sus puertas, es algo que uno nunca llega a imaginar o comprender del todo.

En esta empresa mi padre ha pasado casi toda una vida, con más de 40 años a sus espaldas tras el mostrador, primero en la ferretería de la Plaza del Reloj, posteriormente en la ferretería de la actual Estación de Autobuses y finalizando sus días de trabajo en Pavimentos MORO.

Mi infancia ha estado ligada a esta empresa de alguna forma, pues de su dinero y del esfuerzo de mi padre he crecido y soy ahora quien soy. De pequeño recuerdo vagamente ir con mi madre de la mano a visitar a mi padre al trabajo en la Plaza del Reloj, allí conocía a sus compañeros que me hacían gracietas y de paso me enseñaba algunas cosas de ferretería. Con el tiempo viví ese cambio entre Plaza del Reloj (local que inexplicablemente hoy día sigue vacío y sus ventanas opacas están llenas de carteles) y la nueva ferretería de la Estación de Autobuses. Era en mi etapa del colegio en la que en mis tiempos libres, sobre todo cuando había inventario, ayudaba a mi padre y admiraba cómo atendía al público y cómo entendía de todas las cosas. En alguna ocasión le dijimos que fuera a “Qué apostamos”, ya que con la simple vista lejana de una herramienta, podía darte los detalles, fabricante, marca, modelo y para qué sirve… alucinante.

La separación de los dos hermanos que llevaban la empresa, tuvo como consecuencia un nuevo reparto y la migración de mi padre a Pavimentos, donde aprendió rápidamente los conceptos de fontanería.

Parece que estemos destinados a los cambios bruscos dentro de una misma empresa, los míos tampoco han sido fáciles y ahora ando pendiente de un fino hilo.