Adios Dobby

“No hay lugar más bonito para morir… entre amigos”

Han pasado ya más de 14 años desde que la casualidad me llevase a Harry Potter, cuando aún nadie lo conocía en nuestro país, cuando una noche de nochebuena un libro de color amarillo succionó mi mente y la hizo suya, mezclándola entre sus páginas y llenándola de un conocimiento nuevo, de una magia indescriptible que se ha prolongado en el tiempo y de la que me he dado cuenta que es inmortal como los recuerdos.

Llegaron otros libros que a su contacto y sumergido en su lectura, me hacían escapar del mundo real, llegaron las películas donde esos personajes que imaginé de forma natural cobraron vida y sólo de una cosa me arrepiento en este camino, de que ese libro tan especial que era como “mi libro secreto”, dejara de ser mío para siempre y pasase a formar parte de la vida de los demás (sí, de hecho a día de hoy ha sido el libro más viajero que tengo en casa, el que más ojos ha visto y el que más mundo ha recorrido en manos de otros).

Ahora, cuando acabo de visionar la primera parte de la película final, lo que me quedan son esos nuevos y mágicos momentos que el director ha querido reflejar para homenajear al libro y a esta tremenda historia que ha compartido más de una década y que perdurará en el tiempo. Dos son los grandes momentos que han conseguido emocionarme (¿yo llorando con una película de Harry Potter aparte del momento Espejo de Oesed?).

Un viaje sin rumbo definido, un mundo desierto en que el mal se ha apoderado de todo, la impotencia del no saber dónde ir, qué hacer y amistades rotas, sentimientos que confluyen en una tienda de campaña con poca luz y el sonido de una radio que recoge ondas de quién sabe dónde, un enternecedor y simpático baile entre Hermione y Harry que es como un canto a la vida, una escena inolvidable.

Y el segundo momento marca el final. A pesar de haberlo vivido con lágrimas en los ojos en su día mientras pasaba unas páginas que parecían borrosas, decir adios a Dobby ha vuelto a ser difícil. En ese mundo complicado, el mal no puede ganar la batalla nunca, mientras haya buenos corazones que arriesguen su vida para que eso no ocurra. Un momento en que la acción deja lugar a la calma, un escenario que refleja el final de un camino, una playa donde las olas mueren y unos amigos, no hay lugar más bonito para morir.

Todos los buenos libros vuelven a abrirse y entonces Dobby volverá a correr y agritar, a volvernos locos con sus propias locuras y es aquí donde los buenos personajes que nos dejan tienen cabida, en ese lugar atemporal donde nunca mueren del todo, porque siempre podemos buscarlos en alguna página perdida.

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