Un columpio ahora vacío

Ocurrió un verano cuando contaba con 7 años. Unos columpios vacíos se convertían en lugar de cita y presentación de dos nuevas amigas, recién llegados a ese club social que fue como una segunda casa y que ahora queda relegado en el tiempo.

De la mano de mis dos primas, subimos la mitad de las escaleras por el lateral de las piscinas para llegar hasta el parque, allí seguro estaban Prados y Eva, las amigas a las que nos querían presentar. Recuerdo perfectamente aquel momento, aquel lugar por el que tiempo después pasaba por delante con una sonrisa y lugar de otros momentos también muy felices de la infancia.

Aquella amigas se convirtieron en grandes amigas, una de ellas incluso en parte de obsesión enamoradiza por mi parte, aunque nunca lo supo, pero el tiempo terminó de romper todos los lazos. Ahora ambas viven sus vidas, como todos nosotros y las viejas rencillas cuando nos reencontramos por casualidad han desaparecido para dejar paso a la concordia, por los viejos recuerdos felices que son los que al final quedan grabados con fuerza.

Ese columpio que nos meció y vivió parte de nuestras vidas, ahora se queda vacío, perdurando en ese lugar en el que nunca se quedará solo.

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