Llegar y no alcanzarlo

Tan diferente a perderse por placer a través de carreteras y caminos inexpugnables, eligiendo como destino el de ninguna parte, es saber dónde se quiere llegar y no alcanzarlo.

Dar vueltas y más vueltas, preguntar y obtener respuestas equivocadas o no obtenerlas, andar sin descanso durante horas para acabar en el mismo punto de partida y algo que da aún más miedo, subirse a lomos de un autobús y dejar que el destino y la poca intuición hagan el resto, esperando tener al menos un poco de suerte.