De puentes colgantes

Los veía en las películas de Indiana Jones, siempre eran el escenario de pequeñas luchas y casi siempre acababan cortados por la mitad, con los malos al otro lado o cayendo hacia las profundidades y los buenos intentando salvar su propia vida y la de los demás aferrados a duras penas e intentando salir a la superficie.

El Puente de San Pablo en Cuenca siempre ha sido una fuente de ilusión y fobias. Cuando era pequeño lo cruzaba sin problemas, incluso me atrevía a frenarme en seco en mitad del mismo para mirar hacia abajo, a las rocas que lo miran desde el fondo. Sin embargo mi regreso a la ciudad trajo consigo un miedo a las alturas, no a las alturas en sí, sino a la sensación de desprotección en sitios altos.  Esa sensación de inestabilidad, de que todo se pueda desmoronar de un momento a otro ha ido creciendo sin sentido y hoy día soy incapaz de poner un sólo pie no sólo en este puente, sino en cualquier otro, sin que se me corte la respiración y me tiemblen las piernas.

2 comentarios en “De puentes colgantes

  1. Te entiendo perfectamente. Antes me subia a la noria más grande del parque de atracciones y ahora solo pensar que mis hijas montan en una montaña rusa (para niños) estoy temblando todo el rato hasta que veo que para el cacharro…. con la edad creo que tenemos más inseguridades….

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