Cielo estrellado

En Cuenca hay cuestas, sí, bastante duras algunas, aunque ahora algunos lo tendrán más fácil con algún que otro nuevo asfaltado donde antes sólo había barro y caerse era lo más normal del mundo. Diferentes alturas para una ciudad que tan pronto está desierta los días de viento como llena de vida en determinados lugares.

Nunca olvidaré aquella noche de eclipse. Visitar un museo de las ciencias a las 2 de la madrugada no es nada común y menos teniendo examen al día siguiente a primera hora. Tras revisar algunos documentales y pasear de arriba a abajo por cada sección que ya me conocía al dedillo, nos dieron paso en fila de a uno al observatorio. Llegar a la cima fue toda una aventura teniendo en cuenta que había que salir a la interperie y cruzar una estrecha zona mientras el viento helado, casi de nieve,  nos daba de cara y nos zarandeaba con el peligro que eso suponía.

Llegar finalmente, ponerse frente al telescopio y observar las estrellas de cerca no tuvo precio.

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