No pidas cosas extrañas el día de los Inocentes

Uno de los primeros días de noviembre recibí ese telegrama en el que la redactora de TeleCinco de “Desayuna con Alegría” por aquel entonces me comunicaba “Has ganado el perro…”. Debido a circustancias de la otra persona que debía acompañarnos hasta el programa para grabar, no sería hasta enero cuando me encontraría con Yoko por primera vez.

Cada día que pasaba era un mundo, constantemente me pasaba cada tarde muy cerca del teléfono esperando que sonase, esperando recibir esa llamada que dijese que ya podíamos ir a por él. Y esa llamada llegó aunque no nos comunicó exactamente cuándo ni cómo iríamos, eso quedaba a una semana de distancia aún cuando volviera a ponerse en contacto conmigo.

Yo le dí rienda suelta a la imaginación, pensando en cómo podríamos traernos a Yoko después de grabar y un 28 de diciembre, precisamente este día, como si no hubiera otro en que hacer este tipo de cosas, me dio por llamar a la estación de autobuses. Mi pregunta fue bastante concreta: “¿Se pueden llevar animales en el autobús?”. En ese momento fui consciente del día que era y la respuesta que recibí fue la siguiente: “Sí, y una oveja también si quieres no te jode”. Por mucho que intenté convencerle de que mi pregunta era real, creo que quien me atendió nunca se lo tomó en serio.

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