La ciudad está dormida

Las calles cobran vida, los coches que se desplazan en varias direcciones, las personas que recorren intrincados caminos que se bifurcan, lugares que se abren como órganos vitales de su existencia, un corazón, un núcleo donde reunirse a cualquier hora, donde siempre hay alguien.

Cuando cae la noche, cuando quedan unas horas para el amanecer después de la fiesta, la ciudad está dormida, los coches y las personas reducen su ritmo, los órganos vitales descansan y el corazón se encoge para recibir a aquellos que pululan sin sentido y caen rendidos a sus pies para descansar y estar preparados para un nuevo día.