Sandra y Belinda ganadoras de Pekín Express: La Ruta del Dragón

Trece trepidantes episodios que comenzaba a ver con cierto desánimo. Tras la creciente ilusión por el regreso del programa, encontrarme con parejas que apenas me hacían sentir nada para estar a favor o en contra de forma repentina, seguía el concurso esperando que llegase el momento de formar parte, como cada año, de las sensaciones típicas de favoritos, odiados, mezclando emociones y risas y viviendo encarnizadamente las discusiones.

Tardaría en llegar y vaya que tardó, pero finalmente llegó. Los rayaneros se convirtieron en los odiados, y las parejas hoy finalistas en los favoritos, Sandra y Belinda, reducto de las gemelitas de la primera edición, pero sobre todo Manolo y Marta, especialmente gracias al momento “Puente sobre el río Kwai” que me emocionó hasta llorar.

Padre e hija, que han aprendido la una del otro y el otro de la una, de una manera que sólo una aventura como esta puede otorgar. Llegaban con una típica relación padre e hija que se ha ido convirtiendo en una aventura de enseñanza. La desmedida bondad de Manolo ayudando a los demás concursantes en varias ocasiones en detrimento propio encrispaba a Marta y, sin embargo, ella aprendió que el camino de la victoria no tenía que ser el que ella creía que era. Marta llegaba con unos aires competitivos que a Manolo no gustaban, pero él aprendió de ella el valor y las ganas de luchar hasta el final.

Las hermanas fueron al principio (sólo al principio) para muchos nuestras recordadas siempre gemelitas, que tuvieron que abandonar el concurso tras poner todas sus fuerzas y empeño. Aquel bache que les apartó de la ruta por suerte ha desaparecido y ahora continúan sus vidas con nuestro cariño. Sandra y Belinda, enemigas y amigas a partes iguales, pero con una clara meta en la mente. Las hemos visto derrumbadas, agotadas, competitivas, con fuerzas, en todos los estados posibles del ser humano. Enemigas de los rayaneros y los manchegos y amigas de los que con hoy han compartido su victoria.

Cometas que vuelan en los sueños, letras que forman palabras inolvidables en las profundidades del mar, recuerdos del pasado, llaves perdidas en un paisaje de ensueño y de loto y un destino que, han aprendido, está marcado por la casualidad de esta trepidante aventura llamada vida.

Ellas son de la estirpe del Dragón, ellas son el DRAGON.