El tiempo pasará, lo nuestro no morirá

Coger viejas cajas llenas de polvo o sepultadas entre otras, cajas que llevan años sin ser abiertas como recuerdos que están apartados y aunque ocupan un espacio, sólo salen a flote cuando se da la ocasión. Abrir la tapa y encontrarse con esos viejos amigos que formaron parte de las tardes después de merendar, de los ratos de aburrimiento, de las mañanas de fin de semana sin cole.

Fueron nuestros juguetes, a los que dábamos vida y los que ahora en cierta forma al tocar y volver a recordar, son ellos los que nos dan la vida. La recompensa por conservar su esencia en un lugar de la casa, por apartado que sea, ese rincón al que siempre podremos regresar para ser niños de nuevo.

Sólo espero que el niño dentro de mí nunca muera y que cuando escuche esta canción siempre recuerde lo que fui y lo que me hizo ser lo que ahora soy, mientras un nudo en la garganta acompaña ese sentimiento de felicidad pasada.

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