Una manta vacía a los pies de la cama

Siempre ha estado ahí, mientras tú estabas y me la arrancabas con los dientes y la llevabas arrastrando por el pasillo, y desde hace ya cuatro años que no estás, sea invierno o verano, desde aquel día que nada más podía tapar esa respiración agitada y el llanto… qué importante es respirar, y sentirlo.

“La manta del Yoko”, así quedó bautizada y así continúa, no sé si por su olor, por su textura o por lo que diablos sea, era tu preferida, la que te atraía e incluso la que conseguía cambiarte los ojos de color en ese estado de euforia que tanta gracia me hacía.

Porque fuiste importante, porque vivimos juntos sin apenas despegarnos durante más de trece inolvidables años y porque sigues siendo mi mitad, esa que volveré a recuperar algún día. Cada año que pasa me aleja de ti, pero cada año que pasa también me acerca a tu alma. Una manta vacía a los pies de la cama no es nada, pero cuando la coges y te envuelves en ella con recuerdos, lo es todo.

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