Médico de familia

Hoy me percataba de un local que quizá llevaba un tiempo ahí, pero en el que nunca había reparado. Un cartel al que le faltaban unas letras, con ventanales cubiertos por cortinas de color beige y donde supuestamente se realizan análisis médicos. La sensación que da desde el exterior es francamente penosa, lo que da que pensar en las prácticas que pueden desarrollarse tras esas cortinas.

Hace casi dos décadas, las cosas eran muy diferentes. En otro lugar, ejercía el médico practicante al que siempre acudíamos, para ponernos una vacuna (recuerdo especialmente la última vez que fui, cuando comenzó a ponerse en todo el país la vacuna contra la gripe y todo el barrio acudía en masa), para tomarnos la temperatura cuando teníamos fiebre, siempre listo las 24 horas del día, cuando a mi hermana le picó una garrapata y nos hizo una visita médica. Aquellos días en que me tocaba la vacuna que tanto me dolía y llegaba con miedo a su consulta y me enseñó la técnica para que no me doliese tanto. Junto al médico de cabacera, era nuestro médico de familia. Ya no está entre nosotros pero su recuerdo permanece en quel lugar donde practicaba.

Es por ello que hoy al ver aquel local en tan penoso estado, hoy día en que ya no existen apenas estos médicos de familia porque en estos años ha habido tantas negligencias médicas y tantas suplantaciones que ya nadie se arriesga, bien merecen un recuerdo, estas personas que nos salvaron un poquito la vida.

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