Verano días 4 y 5 – Una habitación para Sofía

Sofía ya está en casa, la que a partir de ahora será su casa, su habitación, con sus colores, sus muñecos (aún debo decidir el mío mira que para una niña me cuesta decidirme más después de dos sobrinos) y su nueva cuna. Es maravilloso pensar cómo será su evolución a partir de aquí, lo que le condicionará a vestir de una forma u otra, a pensar de la misma forma a medida que crezca. Cuántas cosas nacen de algo tan simple.

Cuando se haga mayor no lo recordará, debido a la imperfección humana que nos hace olvidar experiencias algo más allá de los 4 años para abajo, pero otros lo recordarán por ella, sonreirá y se lo llevará consigo. Cuando le diga que fui el primero en ver sus hoyitos como los de su madre al sonreir mientras soñaba o cuando le cuente que mientras yo iba al trabajo en una noche de tormenta su madre se dirigía al hospital y mientras salía de nuevo el sol ella nacía, cuando su madre le recuerde cómo la cogió por primera vez piel con piel.

Mientras en Madrid Sofía se acomoda en sus nuevas mantas, la etapa del ecuador entre Noddy y yo llega a su punto más vulnerable, ese en que se coge ya demasiada confianza y uno empieza a pensar que muy pronto deberemos decirnos un largo “hasta luego”. Apenas me dejó disfrutar ayer del partido que nos llevó por primera vez a la final de un mundial porque no paraba de darme la lata mordiéndome los pies. Ya estamos en la final, esto es como los cometas, que quizá uno sólo lo pueda ver una vez en la vida. Mención especial a la reina Sofía, muy bien vestida de bandera pero impresionante su nulo manejo del lenguaje español que me hace preguntarme si aún en sus aposentos no seguirá hablando griego, porque conjugar en una misma frase de dos palabras mal el género “jugador bonita” no lo hace ni un niño alemán recién llegado a las islas para pasatr sus vacaciones. Deprimente, hasta de mala leche me puso. Un poco más de cultura no le vendría mal.

Tras el partido, entre pitidos de coches, toda la humanidad vestida con la camiseta de España o las banderas (quién lo diría cuando los colores de España nos parecían antiestéticos hace tan sólo unos años) saqué a Noddy a la calle con poco tiempo por delante ya que al día siguiente había que estar en pie de nuevo para ir a trabajar. Y el trabajo ya es otra historia, podría decirse que por primera vez en más de tres años y medio me he sentido mal por las decisiones tomadas, engañado en cierta forma. Un día de inflexión que hará que jamás me fie ya de nadie. Cuánto echo de menos a quien se fue, porque estoy casi seguro de que esa decisión nunca la habría tomado. A algunos no les vendría mal un poco de objetividad y echarle un par de huevos.

Por suerte me queda aún una cosa, la seguridad y confianza en que todo tendrá su lado justo y en que hoy he hecho algo de lo que me siento orgulloso y que ha salido de camino del trabajo a casa. Y a partir de ahí que se coma la conciencia quien tenga que comérsela.

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