Tras un día de sol y playa

La sensación tiene hasta su propio olor natural, salir mojado del agua con los últimos rayos de sol de la tarde incidiendo en tus ojos que se entrecierran para protegerse mientras te sientas pacientemente en una silla para secarte, respirando hondo y disfrutando de ese momento casi indescriptible.

Los minutos pasan aceleradamente para un atardecer que dura poco y deja paso a la oscuridad, mientras con la mano atusas tu pelo seco, colocándose hasta donde se deja por la sequedad de la sal. Una pequeña hoguera, volver a colocarse la ropa de la que nos desprendimos durante el día y muchas buenas historias, dejando pasar el tiempo… porque así como estamos apenas importa.