Verano día 3 – Confianza

Siempre, siempre sucede de la misma forma, en cualquier parte, cualquier entorno. Conocer a alguien por primera vez es como estar en un continuo estado de alerta. Sin pretenderlo, todos los sentidos están despiertos, atentos a cada movimiento, palabra, entonación, sonrisa, gesto que pueda indicar que estamos actuando frente al desconocido de forma correcto o incorrecta. Si contamos algo divertido que nos sale de forma natural y el otro sonríe, vamos por el buen camino, las cosas se hacen mucho más sencillas, se podría decir que entramos en un estado de “perfecta sintonía”. Si por el contrario percibimos que ante nuestras bromas la otra persona no reacciona como esperábamos, comienza el desconcierto, lo cual, si bien hace las cosas mucho más interesantes, también dificulta la comunicación.

Con los animales ocurre exactamente lo mismo. Llegan a un lugar donde deberán observar las reacciones, donde nosotros observamos las suyas, donde se establecen una serie de normas en las que el SI y el NO van agarrados con fuerza de la mano. Noddy ya se ha soltado y ha cogido confianza, aunque a veces se toma demasiadas licencias, mordiendo nuestros talones a cada paso que damos por la casa, lo cual ha producido ya algun pisotón involuntario y eso sí, unas risas por las cosquillas impresionantes.

En la calle también ha cogido plena confianza, aunque aún entre gemidos me pide de vez en cuando que lo lleve en brazos… la calle es tan grande y él tan pequeño. Nustras paradas durante el largo camino en los bancos han tenido más éxito del esperado, esta misma mañana se subía a todos ellos intentando comunicarme que hiciésemos una parada en alguno. Digamos que está aprendiendo y entendiendo ya la rutina de salir a pasear, con un itinerario casi marcado. Las “normas”, si es que se pueden llamar así, están comenzando a establecerse.

Sofía es otra de las grandes incógnitas. Mi hermana comienza a entender que el lenguaje de los bebés no es muy claro y así lo expresa cuando dice apesadumbrada “si es que no sé por qué llora”. Gases, hambre, pipí, calor, quizá con el tiempo logre entenderlo, estableciendo así una comunicación no verbal, pero hasta que ese día llegue, aún hay que acostumbrarse. No hay nada de lo que preocuparse, todos hemos pasado por el estado bebé.

Aún no se sabe el día en que regresarán a casa, todo depende del peso. Casi todos los bebés al nacer pierden un porcentaje de su peso, pero si es superior al 10% y continúan perdiéndolo, necesitan algunas pruebas más. Mientras tanto Sofía comienza a coger confianza con el nuevo mundo fuera del vientre materno. Nuevas necesidades, un nuevo sitio en el que reposar, el contacto con esos seres de los que antes llegaba el sonido como muy lejano, el contacto directo con otras pieles, la luz del sol que entra por las rendijas de la ventana, las nuevas sensaciones que muy pronto formarán parte de la vida común.

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