Verano día 1 – Noddy se instala en casa, primer paseo

Es casi como volver a empezar desde el principio, no tan exagerado, pero muy similar. Una cosa lleva a la otra y al final todo a lo mismo, misma casa, distinta mascota pero los objetos comienzan a tomar posiciones y curiosamente todos terminan en el mismo lugar que antes… comedero en la parte baja del mueble de la cocina, comida en la terraza, toalla en la habitación y la colcha donde dormir en el mismo lugar en que Yoko durmió por primera vez en aquella caja de cartón improvisada. Todo adopta la misma posición de aquel día en que todo comenzó.

Me siento extraño, cuando lo acaricio es como si recordase todos esos momentos especiales, pasaron más de 13 intensos años y empiezan a aflorar sentimientos desvanecidos en el tiempo. Volver a recordar poner un vaso de comida, rellenar el agua cada cierto tiempo, la hora de salir a pasear…

El primer paseo por la ciudad tampoco podía ser de otra manera, lo bajo en brazos por las escaleras y al primer contacto con el suelo se queda parado. ¿A qué me suena esto? Con mucha paciencia y dándole ánimos arranca y da sus primeros pasos por la acera. Cuidado, que ahora toca bajar y subir los bordillos y además uno tiene trampa porque al bajar hay una canalización de agua. Resultado, una pierna se le cuela, pero enseguida sale a flote con un poco de ayuda.

Llegan las primeras compañías, gente paseando y los primeros encuentros con su misma especie, que se saldan como suelen saldarse este tipo de encuentros, el más veterano dando vueltas y olisqueando y el novato quieto dejándose hacer. Tres encuentros son suficientes para la primera salida. Noddy se resiste a andar, torcer la esquina ya ha sido suficiente. (Pues no te queda nada majo).

Se sube a mis piernas implorando que lo coja en brazos. Me convence durante un trecho, pero debo ser fuerte, no me puedo dejar intimidar. Quizá en el pasado pudiera ser, pero ahora estoy curtido en el tema. Chaval, tienes que aprender a caminar tú solo y para eso vamos a alternar. Le hago conocer la ciudad, el itinerario largo que hacía con Yoko, esto le ayudará a pasar por la experiencia y a conocer los lugares por los que pasará todos los días. Ni tú ni yo vamos a olvidar este primer paseo, de eso estoy seguro.

Llegamos al parque, ese en el que uno que yo me sé se comía de todo, incluso algún trozo crudo de carne del supermercado. Llega el momento de sentarse y esperar, quizá familiarizarse con el entorno le ayude a estar más relajado y hacer lo que tiene que hacer… no hay forma, esta primera salida sé que es en vano, nada más sentarme ya me suplica de nuevo cogerle en brazos.

Se ha hecho de noche, nos sentamos en un banco junto a la carretera, muy cerca de donde Yoko se paró y no quiso continuar hace ya muchos años, la historia se repite. Le cojo en brazos, las farolas cercanas se apagan y quedamos en penumbra. Con el ruido de los coches y las motos se queda dormido entre mis brazos. Lo miro y no quiero que acabe ese momento, porque es simplemente precioso.

Intento alargarlo hasta que ya es suficiente. Como era de esperar, el camino de vuelta ya no va detrás de mi a la zaga, huele sus propias pisadas y se adelanta a mí, incluso tira de la correa, sabe que estamos llegando de nuevo a casa.

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