El sonido de una guitarra

Ayer llegaba exhausto del trabajo, casi 9 horas intensas con un calor asfixiante en la calle. Abrí la puerta de casa y todo el cansancio se esfumó, unas notas de guitarra comenzaron a sonar lenta, pausadamente. Con una sonrisa, mientras me venían a la cabeza los recuerdos de mi hermana sentada y tocando el laúd recibiéndome a la vuelta del colegio, entré al salón para descubrir al artista.

Sentado en el sofá, la persiana bajada casi en penumbra, un pie apoyado sosteniendo la guitarra y una partitura en pie sobre la mesa, allí estaba mi sobrino Rubén, regalándome aquel recibimiento.

Preferí posponer la hora de la comida un poco más para disfrutar de ese momento. Mientras lo miraba, todo concentrado en los acordes que ahora está practicando con un profesor, volví a pensar en la cantidad de horas que nosotros tres de pequeños pasamos haciendo lo mismo, cantando y tocando algunos instrumentos. Después vino una de esas conversaciones que no dejan de parecerme extrañas. Que llegue el momento en que de repente un día tengas una conversación más adulta con él, es desconcertante, porque mientras lo estás haciendo te preguntas en qué momento empezó a crecer. Le hablé de mi afición a la música desde que era pequeño y lo mismo sobre su madre y su tía y cómo de pequeños hacíamos exactamente lo mismo que él, asistir a clases para seguir aprendiendo lo que nos gustaba.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s