La cuchara doblada

Cada semana el mago del Un, Dos, Tres hacía acto de presencia en el plató. Su llegada siempre me incomodaba, por una parte estaba la irresistible necesidad de ver qué tenía preparado esta vez, pero por otra deseaba que acabase su número, sentía como si su poder pudiera propagarse más allá de la pantalla de la televisión y llegar hasta a mí de alguna forma y afectarme.

Números en que se quedaba sin pulso, desapariciones de objetos… hasta que un día por primera vez acudí al número de la cuchara doblada. Pedía a los espectadores del público y a los que estábamos en casa, que no dejásemos de mirar atentamente la cuchara, porque nuestro poder en la mirada haría que esta se doblase. Pocos segundos después la cuchara se doblaba por completo y la ingenuidad nos hacía pensar que realmente habíamos tenido que ver algo en ese proceso.

Decenas de veces se repetiría la actuación entre el programa y galas especiales, era el truco de magia más IN del momento y nunca dejaba de sorprender. Sólo el paso del tiempo hizo que esa ingenuidad se convirtiese en razonamiento. Y no sé hasta qué punto es bueno razonar todas las cosas, cuando creer en un poco de magia es bastante saludable.