Los pájaros en mi vida

Los pájaros han sido el único tipo de mascota que me ha acompañado de pequeño. Mi abuelo ya los criaba, aquellas pequeñas bolitas de color rosáceo que parecían cubiertas de pellejo tan frágil, a las pocas semanas se llenaban de pelo y echaban a revolotear tanto fuera como dentro de sus jaulas, una cualidad que siempre admiré en mi “yao”, siempre volvían a su criador.

Mi padre continuó el cuidado de los pájaros cogiendo prestados algunos de mi abuelo pero sin dedicarse a su crianza. Pasaron muchos y de ellos sólo conservo por desgracia, y porque yo me cargué esa tradición con un perro, sus muertes. Recuerdo al primero que se lo comió otro pájaro más grande arrancándole la cabeza mientras tiraba de la jaula, otro amaneció tieso en el fondo de la suya respectiva y el último que recuerdo tuve que enterrarle en compañía de Yoko para que él viese dónde estaba en todo momento, pero esta es una historia que ya contaré, tierna y curiosa, que viene a reflejar la inteligencia emocional animal en algún aspecto parecida a la de los humanos.

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