Goodbye LOST (parte II)

Si algo importante me ha enseñado PERDIDOS es sentarme a ver una serie y esperar que todo pueda suceder, dejar abiertos los sentidos y dejarme impresionar con la historia, sin esperar nada a cambio, sin pretender que ocurra lo que quiero o lo que creo.

Era principios de septiembre de 2005 cuando la primera temporada finalizaba en FOX y habían transcurrido ya 7 meses desde que dejase a Jack y Locke mirando a través de la escotilla y en mi cabeza cobraba cada vez más fuerza la hipótesis de pasadizos subterráneos que conducían a otra isla en la que había más gente, el paso del tiempo la reforzó aún mucho más, añadiendo el hecho de que no podía hablar con nadie de ella, porque apenas era conocida. Cuando encontré  a la única persona para hablar ya era demasiado tarde. Eran los primeros días de marzo de 2006, los últimos días de un curso de páginas web que ocuparon mi tiempo durante esa temporada, cuando uno de mis compañeros habló de LOST y del humo negro. Apenas pudimos comentar todo lo sucedido y la serie ya comenzaba a hacerse notar por la red, donde la gente comenzaba a aficionarse a las descargas de la versión subtitulada. Ese mismo mes comenzaba en FOX la Temporada 2. La experiencia de poder hablar con otras personas de cada capítulo hizo que buscase una alternativa. Si nadie a mi alrededor veía la serie, yo iría en busca de esa gente. Dicho y hecho me registré en una web de televisión y justo al conectarme estaba un forero hablando de PERDIDOS, sobre la serie fue mi primer comentario de los muchos que vendrían posteriormente, además de colaboraciones ese mismo verano de lo que estaba por llegar.

El paso de los meses había reconvertido el salón de mi casa, la tecnología del sonido envolvente integrado en los televisores estaba más a mano para los bolsillos y un 32 pulgadas JVC ocupó el centro neurálgico del ocio en la habitación, pasando del antiguo televisor y de la experiencia inolvidable de las 14 pulgadas donde me recluía a ver la serie. Aprendí a encontrar el momento preciso para ver mi serie preferida a lo grande, como se merecía.

La noche en que todo volvió a comenzar, una vez más los guionistas pudieron conmigo. Era la primera vez que me enfrentaba a una segunda temporada de una serie de “nueva generación” y los precedentes de series de mi infancia me hacían presumir lo que podría encontrarme, estaba acostumbrado a imaginar lo que sucedería y encontrarme algo parecido, pero no, PERDIDOS era diferente, de repente comenzaba el episodio con una persona a la que no veíamos el rostro, realizando tareas comunes mientras la voz de Mamma Cash Elliot entonaba “Make your own kind of music”. Mi desconcierto me hizo quedarme boquiabierto una vez más frente al televisor, nada tenía sentido, absolutamente nada, hasta que un sonido repentino lo cambió todo, Mamma Cash Elliot dejó de cantar y un espejo se convirtió en el testigo que encajaría de una forma magistral, como nunca antes había visto, el final de la primera temporada con el comienzo de la segunda, una escena inolvidable que permanecerá en mi retina para siempre.

Mientras transcurría el episodio y dejaba impresionar aún más mis sentidos, no podía evitar sentir nerviosismo, 7 meses esperando saber qué diablos había dentro de la escotilla, pero tendría que esperar hasta casi el final del primer episodio para descubrirlo y toda una temporada entera para que ese lugar desvelase todos sus secretos, al menos los de entonces.

Uno de los detalles de la primera secuencia de apertura de esta nueva temporada, el que se ha erigido como uno de los iconos de la serie. No puede haber ningún fan que se precie que no pueda completar la secuencia que sigue a estos símbolos. Un endiablado mecanismo ideado por las maquiavélicas y brillantes mentes de los guionistas, que lograron traspasar la barrera de lo emocional llegando hasta el punto álgido de la paciencia del espectador, poniendo a prueba su curiosidad y la de los personajes en una sincronía perfecta.

El ser humano basa su comportamiento en experiencias pasadas y en el aprendizaje continuo. Si una vez has puesto la mano en agua hirviendo, no volverás a hacerlo de nuevo porque sabes que quema, nuestra propia forma de andar se rectifica con el paso del tiempo según nos sea más cómodo, quizá en nuestros primeros pasos nos rocemos la aprte interior de las piernas al andar, pero la rectificaremos para evitar esos roces dolorosos.

Hasta aquí experiencias normales, naturales, pero vayamos un paso más allá en este aprendizaje. A todos en alguna ocasión nos han prohibido algo a lo largo de nuestra vida. Imaginemos que alguien nos impidiese abrir la puerta del desván, pero que nos dejase las llaves al alcance para abrirlo cuando queramos. Aquí es donde comienza nuestra lucha interna entre lo que debemos y lo que queremos hacer. Llevemos esto incluso un paso más lejos, imaginemos que no tenemos otra distracción en el mundo, sólo la de esa puerta y lo que hay detrás de ella. Pasaríamos por delante cientos de veces al día sabiendo que nuestro deber es no entrar, pero imaginando qué sucedería si la abriésemos, se convertiría en una obsesión que terminaría llevándonos por el camino de nuestra curiosidad saciada.

Así fue el ingenioso mecanismo de los números que ocupó la columna vertebral de esta temporada. Una tecla que hay que pulsar cada 108 minutos para que no se libere algo que no sabemos qué es, ese es nuestro deber y tradición, aunque nuestra obsesión será todo lo contrario, imaginar qué sucedería si se dejara de pulsar esa maldita tecla. En el preciso momento en que Locke pulsó esa tecla por primera vez. comenzó la obsesión. Y una vez saciada la curiosidad, llega el momento de sentirse liberados o de arrepentirse de lo que ya no se puede arreglar.

Los flashback que en la primera temporada nos describían las vidas de los protagonistas antes del suceso, ahora se convertían en cuentacuentos de esas pequeñas maravillas llamadas coincidencias del universo. El encuentro entre Jack y Desmond. No sería la última vez que veríamos un encuentro en las gradas de ese mismo estadio, pero para eso habría que dejar pasar el tiempo una vez más.

La larga espera había llegado a su fin. Es aquí donde comprendí lo que decía al inicio de esta segunda parte, por mucho que hubiera podido imaginar, jamás en la vida, nunca, hubiera supuesto que dentro de la escotilla habría una serie de salas y un ordenador central y mucho menos el “ingenioso mecanismo” que me  haría sentir la sensación de curiosidad hasta límites insospechados. Ni pasadizos, ni dinosaurios, ni otra isla paralela, tan solo un jodido espacio reducido donde un tipo se tiraba todo el tiempo pulsando una maldita tecla. “¿Quién iba a imaginar que dentro de la escotilla había un tío pulsando una tecla para proteger el mundo?”, cuántas veces repetí esta frase porque no cabía en mi cabeza.

Otro de esos iconos que pasarán a la historia y cuyos seguidores nos sentimos totalmente identificados, el símbolo de la Iniciativa Dharma que descubrimos en la estación del Cisne, desconociendo que había muchos otros desperdigados por la isla en aquel momento. Qué poco podíamos imaginar por aquel entonces que varios años después todos sus secretos serían desvelados, incluída la figura del hombre que nos daba instrucciones desde los años 70. La visión de aquel primer vídeo de orientación me fascinó de una manera inimaginable, me recuerdo rebobinando varias veces en aquel episodio, intentando averiguar y enlazar cada detalle sin éxito. A ver, entonces no sabía que la paciencia iba a ser la mejor de mis aliadas.

“Los números son chungos”. Una de las frases de Hugo. La relación entre los números de lotería, la mala suerte, la coincidencia de que dichos números estén grabados en la escotilla. Los números que nos volvieron locos durante mucho tiempo y que hoy son también un símbolo, una leyenda de PERDIDOS, tenían varios significados, uno de ellos sería desvelado ese mismo verano en el primer ARG y el segundo significado vendría varios años más tarde. Uno de los últimos episodios de LOST se titula curiosamente “Everybody loves Hugo” en contraposición a este, “Everybody hates Hugo”, una muestra más de la dualidad, del bien y el mal, del equilibrio en el universo donde ambas partes coinciden, una de las esencias que la serie siempre ha querido mostrar, nadie es bueno, nadie es malo, todos tienen un equilibrio.

Los otros 48 días, uno de esos episodios inolvidables que dan un giro a la serie. Si no nos bastaba con misterios e incógnitas, de repente surgen los pasajeros de la cola del avión, en los cuales jamás había pensado, directamente ni me los planteé, les daba por muertos. Su historia contada hasta el momento, con experiencias totalmente distintas a las de los pasajeros de la cabecera pero con un destino común, una “colisión” que culmina con la segunda muerte de un personaje protagonista (que me hizo sentir bastante mal, como si algo se hubiese perdido en mi interior, nunca mejor dicho) y el magistral momento del fortuíto reencuentro entre Jack y Ana Lucía (la vaca burra como la llamé mucho tiempo), aquellos pasajeros que un día iban a cambiarse el billete de avión momentos antes de despegar. Al acabar aquel episodio no dejé de repetirme a mí mismo la palabra “maravilloso”.

Esta escena me puso los pelos de punta, Michael frente al ordenador, en el que sólo se podían introducir datos y de repente comenzaron a aparecer preguntas de una persona desconocida. Estaba aterrado prácticamente, ¿quién estaba intentando contactar? ¿Cuánta gente había en la isla? Sólo una vez terminado el capítulo caí en la cuenta de que podría ser Walt.

Con Eko revivimos en tercera persona lo que en su día no pudimos apreciar con Locke en primera persona, entonces me dí cuenta de que lo que Locke había visto era el humo negro. Aún hoy sus chasquidos surgiendo de entre la maleza de la selva me producen temor, su sonido me hace encogerme de miedo, como sólo los cuentos de fantasmas que me contaban de pequeño conseguían hacer. Por aquel entonces pensé que el humo negro era una especie de justicia que castigaba a los malos y salvaba a los buenos. Qué ingenuidad por mi parte.

Los Otros, otro de esos símbolos imperecederos que cuando nombremos en nuestro lenguaje habitual, nos recordarán la serie de inmediato. “Otros, otros” gritaba Jin. Pensaban que estaban solos en una isla desierta, pero se dieron cuenta de que había alguien más, ellos y Los Otros. ¿Eran los malos? Apenas un grano de arena en la inmesidad de la obra.

Uno de los momentos que viví con mayor pasión e intranquilidad fue el rapto de Claire por Los Otros. Sin duda Claire siempre ha sido un personaje experto en desaparecer, como vería más adelante, llevándose consigo mis intrigas pero devolviéndome la ilusión cuando regresaba. Por primera vez se abandonaban los flashbacks del pasado para acudir a otro tipo de flashbacks de los hechos ocurridos con uno de los personajes que llevaba con nosotros desde el principio. Recuerdo este episodio como uno de los más intensos y emocionantes. El personaje de Claire siempre me ha causado una gran fascinación y, entre tantos misterios, el hecho de poder ver resuelto alguno de ellos en ese viaje a la estación médica, era ya todo un placer para los sentidos.

Danielle Rousseau, la mujer francesa de la señal de los 16 años. Poco a poco ella misma iba desvelando sus propios secretos. Otro de esos misterios fascinantes por resolver. Nos hablaba de una hija, de que todos los que estaban con ella murieron, de cómo llegó a la isla. Aún sucediendo lo que sucedió posteriormente, me quedaban tantas cosas por ver.

Henry Gale, así se presentaba él. Había llegado en globo según su historia y recuerdo con una sensación de incertidumbre el momento en que algunos se lanzan a la búsqueda del globo en la zona indicada para comprobar la veracidad. “Henry Gale” inició un juego nuevo en la isla, el de discernir entre la mentira y la verdad, ¿es todo el mundo quien dice ser? Cuando echo la vista atrás lo que recuerdo de él es que su personaje me hizo sentir exactamente como a los protagonistas de la serie, totalmente desconcertados. Su historia era creíble, si ellos habían llegado en avión y otra gente en el pasado llegó en barco, ¿por qué no creer que un globo había sucumbido al poder de la isla? El interrogatorio de malas formas que aguantó frente a Sayid casi me hizo decantarme y creer en su historia. Consiguió labrarse en muchos de los espectadores un lugar muy importante como personaje principal por su carisma y por el halo de misterio que lo rodeaba, por su capacidad de convencimiento en esos “duelos” Locke vs Ben.

Otro momento desconcertante de la temporada, el mapa en el muro de la escotilla, descubriendo ese todo más amplio del que desconocíamos su existencia. Sus secretos se revelarían más tarde, pero como siempre habría que esperar al momento apropiado, en el que también conoceríamos a su autor y la historia de la escotilla.

Libby, un personaje que tendría mucho que decir y que ha permanecido en mi mente siempre, un personaje imborrable a pesar de su cortísima presencia en la isla en esta historia al igual que Ana Lucía. Sé que era sencilla, pero algo me hacía sentir que necesitaba saber su historia, conocerla más a fondo, tenía un aura especial. Directamente nunca supimos de dónde venía ni hacia dónde iba, simplemente se presentó en breves retazos cruzándose en el destino de Desmond y poniendo nombre a su barco (uno de los grandes momentos de satisfación en la serie que logró emocionarme) y en el de Hurley, con el que siempre estuvo más cerca de lo que él creía. La escena del beso, ahora cobra un sentido más amplio.

Bueno, qué decir de este momento. Si hubiera que hacer un ranking de escenas que nos desencajaron completamente, esta sería una de las primeras en él. Recuerdo que estaba en el sofá tranquilamente mirando a la pantalla cuando irrumpió Michael en la escotilla. Fue todo demasiado rápido, dos pérdidas en un instante que aún no he podido perdonarle, sentí una mezcla de sorpresa terrible y odio. Una demostración de que cualquier cosa en la isla podría suceder, una vez más se afianzaban las enseñanzas de las que hablaba al principio. Cuando acabó el episodio esa sensación permaeció durante mucho, mucho tiempo. ¿Qué había sido de esa persona llamada Michael? ¿Por qué lo hizo? No tardaríamos en saberlo. Muchas preguntas y una clara idea, “todos somos capaces de hacer el bien y el mal en partes iguales”.

Una vez más daba comienzo el vertiginoso final en el que nuestra curiosidad alimentada durante medio año iba a ser saciada.

Mientras unos secretos eran desvelados, otros comenzaban a surgir. Maravillosa esta imagen de Jin, Sun y Sayid observando desde el barco el pie de la estatua. Recuedo que mucho se especuló sobre ella, sobre su origen, sobre quién la había construído, sobre qué hacía allí, sobre sus 4 dedos. Lo impresionante es saber a día de hoy que, aquella imagen fugaz, iba a ser uno de los escenarios más importantes para lo que estaba por venir.

La impaciencia por ver lo que podría ocurrir si se dejaba de pulsar la tecla, terminó. Una vez más era cuestión de fe del espectador ceer que podría suceder algo o que todo era una simple cuestión de confianza. ¿Se trataba la tecla de un experimento humano para evaluar su constancia o todo lo que decían que podría suceder era real? A pesar de dar bandazos a lo largo de la temporada, terminé creyendo más en la parte de experimento humano, pero mi cara se quedó como la de Locke al observar que la amenaza de la liberación de energía electromagnética era real. Recuerdo mis ojos abiertos como platos en la sucesión ininterrumpida de escenas finales, mientras todos los objetos metálicos comenzaban a estrujarse y concentrarse en la escotilla con la incertidumbre de no saber qué ocurriría, la sensación que me causó saber que ese mismo suceso era el que produjo el accidente de avión, la liberación de Michael y Walt que por fin ponían rumbo a casa llevándose consigo nuestro odio, la mano de Desmond introduciendo la llave, los flashes luminosos.

“¿Qué había dentro de la escotilla?”, me preguntaba hacía un año ya. Mi curiosidad había sido saciada, pero nuevos misterios habían sido puestos en escena y esta vez no era uno solo. Y la escotilla aún tenía muchos secretos por revelar. Ese verano de 2006, mientras la serie se emitía en España y en USA ya había terminado la temporada, comenzaba uno de los primeros ARG, The Lost Experience. Lo descubrí por casualidad, y desde el primer momento me di cuenta de que esa experiencia iba a ser algo grande. No estaba desencaminado, de otra forma no se podría entender que cuando en la última temporada se nombró a Magnus Hanso, me entrase una felicidad tremenda. Un nombre sin embargo que pasó desapercibido para quien no la vivió.