Gran Hermano cumple hoy, 23 de abril, 10 años. Así lo viví

¿Dónde estaba yo hace 10 años un 23 de abril del año 2000?

Vine de Cuenca y eran vacaciones de Semana Santa, aún me quedaban ese fin de semana y la siguiente semana. Tal día como hoy entonces era domingo y desde hacía varios meses no paraba de anunciarse el programa que revolucionaría la televisión y nos haría cambiar el concepto de la misma.

Durante toda la jornada no paraba de anunciarse Gran Hermano mientras de fondo sonaba esa sintonía que no nos ha abandonado nunca y que siempre nos pone los pelos de punta a los seguidores, como si fuese una pequeña alarma que ya está impresa en nuestro yo interno y activa algún mecanismo que mezcla la ilusión, la emoción y una tremenda alegría. A día de hoy aún recuerdo que fue este programa el que hizo que la “voz de telecinco”, esa que siempre permanecía invisible anunciando los programas, diese la cara por primera vez frente a unos monitores donde los realizadores y operadores verían todo lo que pasó y sigue pasando entre esas cuatro paredes mágicas.

Poco más recuerdo del transcurso de ese día excepto la enorme expectación ante algo que iba a ser nuevo. Antes de las 21:30, que era la hora de comienzo, me preparé unos panecillos tostados y un poco de crema de untar y me senté en el suelo frente a la mesa baja encendiendo la televisión, preparándome para lo desconocido.

Recuerdo flashes memorables, como imágenes de esas que pasan como diapositivas de algún momento de la vida de uno. Mercedes Milá con el pelo corto anunciando que a partir de esa noche no volveríamos a ver la televisión con los mismos ojos (cuánta razón tenía), recuerdo a los concursantes llegando en coches separados uno a uno y juntos posando para una foto. Recuerdo con especial cariño el momento en que el último de los participantes entraba por la puerta de esa casa y la sensación indescriptible que me embargó cuando el copresentador cerraba la puerta, como si realmente algo GRANDE estuviese a punto de ocurrir desde ese momento. Recuerdo el momento de las primeras presentaciones, a Silvia y a Maria José Galera, a Nacho, Vanesa y Ania especialmente.

Y especialmente la última imagen que se me quedó grabada antes de irme a dormir esa noche, Silvia en la habitación sobre la cama hablando con sus compañeros. Porque cuando me fui a dormir, Gran Hermano no acabó, sino que continuó en mi cabeza. Estuve largas horas sin poder pegar ojo, pensando en qué estarían haciendo dentro de aquella casa, deseando levantarme por la mañana y ver el resumen y los directos, quería saber lo que estaba pasando en cada momento. Durante esa semana no me perdí las memorables conexiones en directo del corrillo de Maria Teresa Campos en Día a Día, los resúmenes precedentes, de la tarde y las conexiones de la noche…

Llegaba el momento de volver a Cuenca y entonces, ahí es cuando fui consciente de que realmente acababa de dar comienzo una nueva historia de la televisión. Cada tarde y noche nos juntábamos todos en la residencia de estudiantes del Cossio para ver los resúmenes. Por las mañanas si llegaba de cualquier descanso entre asignaturas de la universidad, encontraba a los que estudiaban de tarde en el ocio mirando los resúmenes de la mañana, todo el mundo hablaba de Gran Hermano.

Y por supuesto, jamás podré olvidar la impresionante velada que nos deparó la primera noche de expulsión. Las horas previas entre unos 40 de los 120 estudiantes de la residencia hicimos una porra para decidir quién iba a ser expulsado, antes se podía hacer perfectamente puesto que hacían el famoso pacto. No llegué a tiempo de poner mi parte del dinero, pero de los 120 fui el único que apostó por la salida de Maria José Galera, con lo cual no tuve recompensa y hubo bote para los que sí pusieron el dinero.

Aquella noche de la primera gala de expulsión nos juntamos alrededor de 50 personas en el ocio del hogar 3 frente al televisor, unos en el sofá de piel, otros en las sillas y otros en el suelo, como bien podíamos, riendo, disfrutando, comentando todo, algo que después vino a ser como una tradición durante el transcurso de toda la edición y las siguientes. El momento de la expulsión recuerdo esa tensión inolvidable, nuestras caras, la de risas que nos pasamos durante varias horas después incluyendo Crónicas Marcianas mientras la frase “quién me pone la pierna encima” nos hacía desencajar la mandíbula o el “no lloréis que me voy a casar con ella”. Durante los días siguientes en cualquier rincón era la frase recurrente junto a la de “sólo puede quedar uno”. Gran Hermano se convirtió en uno más de nosotros.

La mañana siguiente a la expulsión todas las radios querían tener a Maria José Galera, los pasillos de la Universidad estaban como conmocionados y el primer encuentro con los compañeros era de necesidad casi urgente casi al instante de mirarnos y saludarnos el preguntar: “¿Viste ayer Gran Hermano?”

Me alegro de haber podido vivir algo así, único e irrepetible, de que el tiempo haya pasado y el programa continúe a pesar de sus inevitables defectos por culpa de aquellos que se consideran seguidores del programa y no hacen sino cabrear y hacer más daño que bien a los verdaderos seguidores y al propio programa, inetntando, más que disfrutar, meternos a sus preferidos por los ojos, olvidándose de lo realmente importante.

Hoy día 23 de abril me apetece escuchar eso que hace que se active una alarma en mi interior que me hace sentir feliz… y con el paso del tiempo, me conduce a la nostalgia.