Parte del espíritu olímpico que se va…

Hay gente que tiene la encomiable capacidad de realizar su trabajo de una forma totalmente invisible a vistas de los demás, cuyos resultados son tan grandes y tan satisfactorios que merecerían un reconocimiento muy especial. Desde que era pequeño, siempre he visto a Juan Antonio Samaranch como ese hombre que trabaja pero que es tímido ante los reconocimientos, que rehuye de los halagos y de cualquier premio auqnue sin duda los acepta y son bienvenidos. Su propósito no es tener el reconocimiento, sino trabajar por conseguir un objetivo.

21 años al frente del COI desde 1980, varios años después de su entrada consiguió que Barcelona ’92 fuera posible y lo que eso significó. En mi infancia no hay sino recuerdos de juegos en la arena simulando diferentes disciplinas olímpicas, programas de televisión cuyo objetivo era el año 92. Aquella fecha era como un sueño inalcanzable, el tiempo pasaba lentamente, los meses y los años… hasta que llegó y pudimos disfrutar de un gran espectáculo deportivo. Entonces aquel mítico 92 quedó en el recuerdo para dejar paso a otras de esas fechas límite cuyo sentido, debido a la edad y el paso del tiempo, ya era diferente. Seguramente nunca volverá esa sensación.