La inocencia de camino a la ciudad

La maldad, el agobio, la incertidumbre. Sensaciones que van creciendo como crecen nuestros huesos o se estira nuestra piel en nuestro cuerpo a medida que nos hacemos grandes.

Antes de esto nada de eso existe, la maldad no tiene sentido si antes no hay un precedente de quien nos haya hecho un daño del que seamos conscientes, nuestra vida está libre de obligaciones más allá que algunas reglas a cumplir con las que ya nacemos impuestas y que se convierten en habituales y el futuro… el futuro no es sino un escondite que guardamos en nuestras más sinceras ilusiones, un sueño plagado de héroes, de naves voladoras, de vidas con pies de barro o zapatos de lujo, de mascotas que hablan o de oficios comunes, que muy rara vez coincidirá con lo que querremos cuando, eso a lo que llamamos inocencia, un buen día despertemos y haya desaparecido.