Lobito

El pasado 24 de diciembre conocí a Lobito. Han pasado ya más de 3 años desde el fatídico día en que tuve que decir adios a Yoko y desde hace ya tiempo siento la necesidad de tener otra mascota a la que cuidar y con la que divertirme. El sueño de Lobito fue efímero y pasajero, apenas un instante antes de la cena de nochebuena y un tiempo después jugueteando con él y también recogiendo sus necesidades, todo sea dicho, pero imborrable.

Ahora Lobito ya no es este pequeño cachorro que sale en las fotos tomadas aquella noche, sino un adulto 6 veces más grande al que ya es imposible coger en brazos y que cuida de una finca en la que recibe periódicamente la visita de mis dos sobrinos que saben que fin de semana equivale a “ir a ver a Lobito”.

Prometo traer sus fotos.