Objetivo de fijación

Cuando tenemos un objetivo, muchas veces llevamos todo hasta el final, a pesar de que somos conscientes de las consecuencias que pueda tener, pero sin importarnos el camino que debamos recorrer. Muchas veces nos hemos lanzado a recoger algo que se caía sin pensar que nos podíamos hacer daño, o hemos salido bajo la lluvia sabiendo que nos íbamos a resfriar.

Cuando tienen un objetivo, lo siguen, pero a diferencia de nosotros, no son conscientes de lo que pueda suceder a consecuencia de sus actos. Aún recuerdo cómo Yoko se metía en un pantano a recoger una pelota sin saber lo que podría ocurrir, hasta que se vio rodeado de agua casi en su totalidad y se quedó sin saber qué hacer, quieto, porque no había conocido la experiencia de estar rodeado, de ver cómo sus movimientos en otro medio eran más lentos y torpes.

Quizá en estos objetivos de fijación que no nos paramos a pensar reside una gran parte de la felicidad, porque cuando hacemos algo que queremos, somos felices, aunque posteriormente nos pese por las consecuencias, pero son momentos que se nos quedan grabados para siempre.