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Así, en todos los idiomas, los carteles de las rebajas de enero empapelan en diversos colores los divertidos escaparates de las ciudades.

Es la primera vez que voy pronto a unas rebajas, principalmente porque trataba de conseguir unos pantalones por un precio menor al que ví en navidades, ya que en otras ocasiones he llegado a esperar incluso a las segundas rebajas, cuando las tiendas más que tiendas parecen tristes naves en reforma porque la gente ha acabado con todas las existencias.

Mi odisea comienza a las 17:00 de la tarde, salgo rápido del trabajo y cojo el medio de transporte más rápido para llegar, el autobús urbano. Lo que no esperaba es que iba a hacer escala en todas y cada una de las paradas, además de las enormes colas de coches y gente pasando por los pasos de peatones ya que el recorrido que he escogido pasaba por la zona centro comercial, un gran error. Casi media hora de suplicio pero por fin llego a la tienda. Rápidamente, aunque echando un vistazo a las camisetas, llego hasta los pantalones y… talla 44, talla 44, talla 44, talla 44… por favor, ¿por qué todo el mundo tiene que tener la misma talla? Necesito una 42. Eso sí, el precio de los pantalones es casi el mismo, 4 euros menos, vaya engaño, ni rebajas ni nada.

Llamo a la chica para que me ayude a localizar una 42, parece que no quedan. En la percha de muestra enseguida leo W32 y se lo digo. Llama a una compañera para asegurarse. Llega la compañera y cree que la talla 42 es para un señor que hay cerca y se asusta y dice “¿una 42 para él, no puede ser?”. Enseguida le llamo la atención y le digo que son para mí. Relaja el gesto y se echa las manos al pecho, ya ha pasado el susto. Menos mal que el hombre al que se refería ni le ha escuchado, porque le acababa de llamar gordo en toda su jeta 😛

La chica coge escalera y los baja de la muestra. Pantalones conseguidos, eran los únicos que quedaban. Ahora una camisetita para apañarlo todo. Y entonces veo el caos… camisetas arrugadas sobre una mesa, sobre las estanterías, otras por el suelo. ¿Es que la gente no tiene un mínimo de dignidad? Me agacho a por una camiseta que hay en el suelo para recogerla, ya que nadie parece que vaya a hacerlo. Al final entre el caos veo mi camiseta, esa de color negro que se me ha roto hace poco… mi oportunidad de hacerme de nuevo con una igual, mi preferida. También me enamoro de unas zapatillas. Listo, ya voy apañao. Probadores llenos. Lo siento, pero los de mujeres están vacíos, allá que voy con toda mi cara.

A pagar y salgo tan contento con mis pequeñas rebajas. Aún no he comido nada desde las 8 de la mañana.

fotografía inicial de septemtrionis