La felicidad del reencuentro

Nos sorprenden poco los reencuentros a medida que van pasando los años. Cada vez nos hace falta dejar pasar más y más tiempo para que volver a ver a una persona a la que se echa de menos nos provoque una emoción incontenida, como si con el paso de los años nos volviésemos inmunes a las despedidas.

Sirve como ejemplo la cara de un niño, para el que unos simples minutos, horas, sin su madre, se convierten en toda una eternidad.