Las meriendas que nunca volverán

Hace mucho tiempo que por las tardes en las grandes cadenas nacionales no se ve a un niño participar en ningún juego, que no aparece ningún ser animado por la mano de esos desconocidos dibujantes de cuyas manos salían personajes que nos conmovieron de por vida y por cuyo paradero o vida jamás nos preocupamos.

Hace mucho tiempo que por las tardes frente a un televisor no se escucha la risa de un niño.

Con el inicio de la emisión de las televisiones privadas a España, la programación infantil que hasta entonces básicamente se basaba en contenedores de series infantiles y juveniles, programas matutinos de fin de semana o las famosas series de dibujos animados emitidas los sábados y domingos a las 15:30 de la tarde tras el telediario entre las que salieron personajes tan famosos como Los Pitufos, Ferdy, Seabert, Dragones y Mazmorras, David el Gnomo y Los Aurones (con nuestro querido poti poti) entre otros, cambió para siempre.

Mientras la importancia de los programas de fin de semana decaía con el paso del tiempo debido a series con personajes cada vez menos carismáticos y generadas por ordenador, la franja de tarde comenzó a ganar mayor protagonismo de lunes a viernes o en fines de semana con contenedores como los de antes, con series animadas, infantiles y juveniles, pero agregando un nuevo toque, la diversión y los juegos participativos. De esta forma TeleCinco se hizo con Miliki y su hija Rita Irasema proponiendo series de anime entre sus emisiones con “SUPERGUAY”, mientras que TVE apostó por una versión diaria del exitoso “Cajón Desastre” de la mano de Miriam Díaz Aroca y al que ya dediqué un post especial.

Antena 3 se decantó por un contenedor del que posteriormente un año después imitó TeleCinco con el mencionado “Superguay”, aunque con un éxito más notable ya que la apuesta de la cadena privada, LA MERIENDA, se mantuvo durante 4 largos años desde 1990 hasta su término en 1994, además de confiar su trayectoria a dos presentadoras, Ana Chavarri, esta única presentadora que se mantuvo al frente del programa durante toda su emisión y que salió del programa VIP Guay, versión juvenil del VIP Noche y que posteriormente afrontó otros proyectos similares además de labrarse un futuro como actriz, y Raquel Carrillo, también proveniente del programa de Emilio Aragón y actualmente licenciada en periodismo y actriz.

Posteriormente en 1992 la pareja que permaneció unida 2 años se separó por la marcha de Raquel y dejó paso a una nueva pareja formada por Ana, Vicky y Miguel Puga, época en la que el programa reflotó de una manera espectacular transformándose en un concurso de auténtica aventura y cambiando su nombre a “La merienda de las aventuras”.

Cabecera “La Merienda”

Superguay

¿Alguien recuerda los gritos de la famosa “Indillave”? Por aquella época aún recuerdo jugar con mi prima a aquel juego, cuando en unos papeles dibujábamos varias llaves, las recortábamos y uno de nosotros ejercía de presentador mientras el otro buscaba por la casa todas las llaves escondidas que podía, siendo la más difícil de encontrar la “Indillave” que abría la caja fuerte con el gran premio.
Lo recuerdo como uno de los juegos más emocionantes vistos en la televisión aún a día de hoy donde no dejan de inventar nuevas formas para atraer al espectador. Dos equipos, los indies rojo y azul, enfrentados para conseguir segundos en diferentes pruebas, segundos imprescindibles que marcarán el tiempo disponible para encontrar y recoger todas las llaves posibles dentro de un escenario que, a lo largo de las temporadas, cambió en diferentes temáticas, pasando incluso por parques acuáticos.

A pesar de ser un concurso infantil, marcó una diferencia sustancial, ya que por el público al que iba enfocado, el juego se tornaba casi imposible de superar, hecho este que incitaba a seguir la aventura todos los días con la ilusión de ver abrirse el premio final que permanecía escondido a lo largo de los programas, mientras un público enfervorizado gritaba “indillave, indillave”  una y otra vez invocando el objeto sagrado y aumentando más la emoción si cabe. De hecho, apenas en un par de ocasiones hasta donde me llega la memoria, se abrieron dos cofres con la ansiada Indillave en dos años.

Un referente que comenzó hace ahora casi 20 años, cuando los niños por la tarde mientras merendaban con los amigos y familia, disfrutaban un rato con la ilusión y sus personajes preferidos. Meriendas que, ¿nunca volverán?

Hace mucho tiempo que por las tardes en las grandes cadenas nacionales no se ve a un niño participar en ningún juego, que no aparece ningún ser animado por la mano de esos desconocidos dibujantes de cuyas manos salían personajes que nos conmovieron de por vida y por cuyo paradero o vida jamás nos preocupamos.

Hace mucho tiempo que por las tardes frente a un televisor no se escucha la risa de un niño.

Con el inicio de la emisión de las televisiones privadas a España, la programación infantil que hasta entonces básicamente se basaba en contenedores de series infantiles y juveniles, programas matutinos de fin de semana o las famosas series de dibujos animados emitidas los sábados y domingos a las 15:30 de la tarde tras el telediario entre las que salieron personajes tan famosos como Los Pitufos, Ferdy, Seabert, Dragones y Mazmorras, David el Gnomo y Los Aurones (con nuestro querido poti poti) entre otros, cambió para siempre.

Mientras la importancia de los programas de fin de semana decaía con el paso del tiempo debido a series con personajes cada vez menos carismáticos y generadas por ordenador, la franja de tarde comenzó a ganar mayor protagonismo de lunes a viernes o en fines de semana con contenedores como los de antes, con series animadas, infantiles y juveniles, pero agregando un nuevo toque, la diversión y los juegos participativos. De esta forma TeleCinco se hizo con Miliki y su hija Rita Irasema proponiendo series de anime entre sus emisiones con “SUPERGUAY”, mientras que TVE apostó por una versión diaria del exitoso “Cajón Desastre” de la mano de Miriam Díaz Aroca y al que próximamente dedicaré un post especial.

Antena 3 se decantó por un contenedor del que posteriormente un año después imitó TeleCinco con el mencionado “Superguay”, aunque con un éxito más notable ya que la apuesta de la cadena privada, LA MERIENDA, se mantuvo durante 4 largos años desde 1990 hasta su término en 1994, además de confiar su trayectoria a dos presentadoras, Ana Chavarri, esta única presentadora que se mantuvo al frente del programa durante toda su emisión y que salió del programa VIP Guay, versión juvenil del VIP Noche y que posteriormente afrontó otros proyectos similares además de labrarse un futuro como actriz, y Raquel Carrillo, también proveniente del programa de Emilio Aragón y actualmente licenciada en periodismo y actriz.

Posteriormente en 1992 la pareja que permaneció unida 2 años se separó por la marcha de Raquel y dejó paso a una nueva pareja formada por Ana y Miguel Puga, época en la que el programa reflotó de una manera espectacular transformándose en un concurso de auténtica aventura.

¿Alguien recuerda los gritos de la famosa “Indillave”? Por aquella época aún recuerdo jugar con mi prima a aquel juego, cuando en unos papeles dibujábamos varias llaves, las recortábamos y uno de nosotros ejercía de presentador mientras el otro buscaba por la casa todas las llaves escondidas que podía, siendo la más difícil de encontrar la “Indillave” que abría la caja fuerte con el gran premio.

Lo recuerdo como uno de los juegos más emocionantes vistos en la televisión aún a día de hoy donde no dejan de inventar nuevas formas para atraer al espectador. Dos equipos, los indies rojo y azul, enfrentados para conseguir segundos en diferentes pruebas, segundos imprescindibles que marcarán el tiempo disponible para encontrar y recoger todas las llaves posibles dentro de un escenario que, a lo largo de las temporadas, cambió en diferentes temáticas, pasando incluso por parques acuáticos.

A pesar de ser un concurso infantil, marcó una diferencia sustancial, ya que por el público al que iba enfocado, el juego se tornaba casi imposible de superar, hecho este que incitaba a seguir la aventura todos los días con la ilusión de ver abrirse el premio final que permanecía escondido a lo largo de los programas, mientras un público enfervorizado gritaba “indillave, indillave” una y otra vez invocando el objeto sagrado y aumentando más la emoción si cabe. De hecho, apenas en un par de ocasiones hasta donde me llega la memoria, se abrieron dos cofres con la ansiada Indillave en dos años.

Un referente que comenzó hace ahora casi 20 años, cuando los niños por la tarde mientras merendaban con los amigos y familia, disfrutaban un rato con la ilusión y sus personajes preferidos. Meriendas que, ¿nunca volverán?