Noche de San Juan en los tejados del Cossío

Aquella mágica noche, mientras otros decidieron bajar al río a mojarse los pies y a hacer una hoguera, mientras otros enterraban en la arena bajo el cesped de la fuente de la Residencia sus deseos más profundos, les enseñé un nuevo rito a mis amigos y amigas, un rito que decidi contarles porque lejos de mi hermana, pensé en las noches de San Juan donde lo llevábamos a cabo y no la tenía a mi lado.

Pero aquella tradición contó con novedades que nos hicieron pasar una noche inolvidable, donde veíamos salir de los hogares a otros con difrentes destinos y objetos, una especie de ilusión conjunta nos envolvía a todos, la sensación de que estás disfrutando de algo muy especial. Enseguida les enseñé a escribir en un papel los buenos deseos que querían que se cumpliesen y que deberían llevar muy cerca durante todo un año para abrirlo en la siguiente noche de San juan y leer cómo cada una de esas cosas se había cumplido. Les enseñé a poner en otro papel los deseos que queríamos apartar de nuestras vidas para después quemarlos. Les enseñé a rellenar un cubo de agua que habría que dejar al aire libre toda la noche para lavarse la cara con él al día siguiente, representando el agua purificada…

Hasta ahí la tradición, pero después llegó lo inolvidable y que nunca podré borrar de mi mente por las anécdotas que vivimos juntos. Nos hicimos con una bandeja y en lugar de quemar los papeles en tierra, no se nos ocurrió otra cosa que subir a los tejados de los hogares y allí prender fuego a todos los papeles con los malos deseos. ¿Dónde fueron a parar las cenizas? Quizá a alguna cabeza que pasaba por debajo en ese momento en que salimos corriendo entre las piedras para que nadie nos descubriese. Noche de pasillo iluminado de velas a altas horas de la noche mientras veíamos cómo los arriesgados de la tradición bañista llegaban constipados o totalmente mojados.

A la mañana siguiente no, cada uno no tenía su cubo de agua para lavarse la cara. El cubo se ocultaba en una de las habitaciones a la que todos fuimos a lavarnos la cara, a pesar de que apenas teníamos tiempo porque había que desayunar y volver a la Universidad. Algunos se olvidaron de hacer esta parte del rito, así les ha ido 😛

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