Aprendiste a confiar en mí

Hola Yoko:

Cuando llegamos por primera vez a casa tras el viaje a Madrid y la posterior visita al veterinario, te encontraste con un lugar nuevo y extraño para ti. Lo poco que restaba de aquella tarde, te dedicaste a huir de todos, incluso de mí que te tuve entre mis brazos, a esconderte debajo de las mesas, reacio a que una mano humana te tocase siquiera.

Esa misma noche te preparamos un lugar especial e improvisado, dentro de una gran caja de cartón, una manta y un reloj que haría las veces de latido de corazón del ser del que te habíamos alejado y que te dio la vida.

Y entonces empezaste a confiar, intenté agacharme a tu altura, a ganarme tu confianza con mucha paciencia para que comprendieses que no tenías nada que temer, a base de juegos, risas, las chucherías que tanto te gustaban. Por primera vez te dejaste acariciar. Caricias que echo tanto de menos.