Vidas cercanas que tienen vidas lejanas

Desde hace poco más de un año, tengo unos vecinos rumanos. Nos hemos encontrado muy pocas veces, apenas en aquellas en las que coincidimos saliendo por la puerta y durante todo este tiempo sólo hemos cruzado algunas palabras sencillas.

Hoy el marido se iba y ella estaba en la puerta con su hijo pequeño y nos hemos encontrado cuando yo llegaba trabajar. Después de preguntarme sobre el trabajo, ha conseguido ir articulando las palabras en castellano para contarme que acababa de enviar un paquete a su hija que vive en el sur de Rumanía. Me ha interesado mucho su historia, tan cercana a la de tantos rumanos que dejan su país y a sus más queridos familiares para encontrar aquí un lugar. Como ha podido, me ha explicado que su hija estuvo hace dos años en España y que desde entonces no la ve y que estos días tiene una fotografía de ella siempre cerca para recordarla.

Me ha hecho muchísima gracia lo que me ha contado después. Según ella, le había dicho a su hija que aquí había muchos chicos guapos y que le iba a buscar uno que le gustase y así podría venir por algún motivo. De nuevo ha vuelto a insistir en el tema, imagino que para ver si yo le preguntaba algo y así lo he hecho, enterándome de que tiene 26 años, que está trabajando allí y que vive en un pueblo donde además está estudiando.

Ha sido un rato agradable, donde una vez más he sido consciente de lo interesantes que son las historias de las vidas que tenemos cerca, que a su vez tienen su vida en un lugar del pensamiento, muy lejos de aquí… y donde casualmente me he visto casi de pretendiente de esa chica que no conozco de nada, precisamente el día de hoy.