La odisea de solicitar el paro, según Marian Keyes

Hace unas cuantas noches, leyendo el libro de Marian Keyes “Un tipo encantador”, me encontré con estos párrafos tan divertidos que me hicieron revolcarme de risa en la cama. Una de las mejores desvariaciones literarias que he leído…

Solicitar el paro, como los doce trabajos de Hércules. Debería ser algo sencillo, había cotizado, había perdido empleo, había intentado conseguir otro sin éxito, estaba sin blanca. Pero carrera de obstáculos. Llene este formulario de aquí. Llene ese formulario de allá. Traiga contabilidad del año pasado, de este año, facturas de agua y electricidad, certificado de ciudadanía irlandesa, carta de último empleador…

Aunque, haciendo un esfuerzo monumental, lo consiguiera todo, tampoco sería suficiente. Siempre aparecerían más requisitos, cada vez más inalcanzables. Foto de mi primer animal de compañía. Tres trufas blancas. Autógrafo de Tom Cruise. Primer vinilo de Lily the Pink.. Botella de edición limitada de Vanilla Tango (complicado, puesto que Vanilla tango sólo venía en lata). Dibujo en carboncillo del culo de Zinedine Zidane. Grabado en bronce del Santo Grial. Si lo conseguía todo, recibiría carta que diría: “Hemos tropezado con otro requisito. Usted no tiene derecho al subsidio de desempleo, nunca tendrá derecho a un subsidio de desempleo, pero tráiganos diez gramos de cuerno de unicornio en polvo en una caja bonita y veremos si podemos hacerle un pago discrecional”.

Si la gente consigue alguna vez cobrar el paro, no es porque tenga derecho a él. Es una recompensa por su tenacidad, por su entrega, por soportar la mezquindad kafkiana de sus requisitos sin estallar y gritar, ¡¡¡METEOS VUESTROS MÍSEROS SUBSIDIOS DONDE OS QUEPAN!!! ¡¡¡PREFIERO MORIRME DE HAMBRE!!!