Trasplante de células madre para insulinodependientes del tipo 1, el principio del final de una enfermedad

Hace ya algo más de 4 años, el 19 de enero de 2005  y por primera vez en Japón se experimento un trasplante de islotes pancreáticos a una chica de 27 años que sufría diabetes del tipo 1, procedentes de una donante sana de 57 años, su madre. Menos de un mes después del trasplante, los episodios hipoglucémicos que requerían llevarla al hospital para ser controlados, desaparecieron, y los científicos creyeron que la situación perdurará al menos 5 años y que aunque necesite volver a inyectarse insulina, no volverá a sufrir de estos episodios de urgencias.

Hace poco más de un año que a mi sobrino, de tan sólo 3, le diagnosticaron este tipo 1 de diabetes. Actualmente su vida, por muy pequeño que sea, ya se ha acostumbrado a los pinchazos de insulina en brazos, pierna o barriga, se ha acostumbrado a comer a ciertas horas, a realizarse los análisis de glucosa periódicamente, habituándose a una rutina que muchos insulinodependientes de tipo 1 han tenido que seguir al pie de la letra durante toda su vida.

Hace un tiempo se anunciaba la posibilidad de la inhalación para evitar los pinchazos que van dejando marcas insustituíbles y ahora llega una gran noticia que ha esperanzado a mi hermana y sin él saberlo, la vida de mi sobrino. Dentro de muy poco tiempo, será posible curar la enfermedad, trasplantando células madre del páncreas de la madre al afectado.

Esto puede causar como resultado un inconveniente, que la madre, al no disponer de esas células, sea la que sufra la enfermedad, pero mi hermana está dispuesta a asumir el riesgo que conlleva con tal de que su hijo lleve una vida lo más feliz posible sin dependencias. Al fin y al cabo, el amor de una madre es infinito.

Esperemos que se avance aún más para evitar los daños y riesgos del donante, pero sin duda es una noticia que reconfortará a muchas personas que sufran este mal.