El placer de la lectura

En mi casa mis padres jamás han leído un libro, exceptuando aquellos que de niños les obligaron a leer hasta que, por obligación y necesidad de trabajo, dejaron la escuela. Pero sí nos nutrieron de ellos desde pequeños y nos instruyeron en el cuidado con el que hay que tratarlos.

fotografía de Alfonso Menendez

Mi casa siempre ha estado llena de libros, de Félix Rodriguez de la Fuente, de Aficciones, Enciclopedias… poco a poco se fue llenando con nuestro granito de arena, de libros infantiles, de la adolescencia y más adultos, hasta no haber prácticamente habitación principal en la casa donde no haya varias estanterías llenos de ellos, acumulando las sensaciones y el placer de la lectura que nos regalaron.

Pero hay un lugar en la casa especial que ha tardado casi 10 años en rellenarse, especial sólo para mí, ocupado por 7 libros. Uno de ellos no está ocupando su hueco, ocupa la estantería cercana a mi cama… y muy pronto, muy a mi pesar, con lágrimas en los ojos y una sonrisa, volverá a su sitio… y mientras lo coloque allí, me será imposible no rendirme ante la más grande historia jamás contada.