El niño con el pijama de rayas

Hace poco más de dos meses comencé a leer  “El niño con el pijama de rayas”.

A veces los libros también tienen vida propia y su propia historia. Cuando unos días después iba por el capítulo 6 poco podía pensar que al día siguiente el libro que había dejado sobre la mesa desaparecería misteriosamente. Mi hermana se lo llevó creyendo que ya lo había acabado de leer (es tonta de remate que diría Bruno) y se lo prestó a una amiga.

La lectura se vio interrumpida y al final lo compré por mi cuenta. Comencé desde el principio, leyendo un poco cada día hasta que ayer la intriga me pudo más y terminé con el último tercio del libro acostándome a las 3 de la madrugada y con una sensación de nostalgia, una sensación que se podría haber incrementado si la historia del libro no fuese tan rápidamente contada, si con más tramas, hubiese logrado meternos aún más en la piel del protagonista.

La historia en sí, vista desde los ojos de un niño, Bruno, nos permite experimentar una sensación distinta a la de otros libros que hayamos podido leer. En todo momento somos conscientes de lo que está pasando, de lo que significan palabras como el campo, la valla, Auschviz, El Furias (esta me costó hasta que dí con su significado). Sabemos que estamos en un tramo de la historia lamentable para el ser humano, pero el autor nos invita a pensar lo que ven los ojos y la inocencia de un niño en estas circunstancias. Donde nosotros vemos un campo de concentración nazi, él ve un poblado de gente apartada, donde nosotros vemos a un niño con un final predestinado, él ve a un amigo con el que poder jugar cuando por fin pueda salir tras esa valla.

El niño con el pijama de rayas se antoja como ese libro perfecto que un niño podría leer por su facilidad de comprensión junto a alguien que fuese explicando sus dudas referente a esos significados, junto a alguien que le explicase que por desgracia no todos los niños disfrutaron ni disfrutan del privilegio de jugar en las calles, de comer, de vivir en una casa, del privilegio que es tener una infancia feliz.

Pero el libro esconde un final sorprendente para un adulto y lleno de dudas para un niño. Bendita inocencia, quien la conservase con el paso del tiempo para no ser conscientes de las atrocidades cometidas en el pasado y que hoy día se siguen cometiendo de otra forma.

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