Álvaro y Coco

Mientras venía andando a casa, le he vuelto a ver. He vuelto a ver al hermano gemelo de Álvaro, el mismo que me encontré hace unos meses cerca del colegio donde yo estudiaba de pequeño, el mismo que estaba hablando por el móvil y yo le paré convencido de que era Álvaro y él se extraño y al que tuve que pedir disculpas por haberme confundido de persona.

Hoy, incluso se me ha pasado por la cabeza pararle para preguntarle por su hermano, pero más casi por verguenza por lo de la vez anterior, ni lo he intentado.

Conocí a Álvaro un día 2 de noviembre de 2006, cuando comenzó el curso de formación para acceder al trabajo. Él, Roberto y yo éramos los tres únicos chicos de la formación y siempre estábamos juntos. Una vez comenzado el trabajo ya los caminos se separaron un poco, pero sólo un poco, porque los hilos de la vida quisieron que acabásemos de nuevo en el mismo lugar.

Conocí a Coco un tiempo después, una chica mexicana de lo más simpático. El destino quiso que Álvaro y Coco se conociesen en una división de la plataforma de trabajo y que ahora ambos estén embarcados en su aventura en México, él a punto de abrir un locutorio o algo así para empezar a abrirse camino en su nueva vida junto a ella.

Me ha dado por recordar la historia de ambos. A él lo conozco más, terminaba sus clases de la mañana y corriendo y a veces casi sin tiempo para comer, venía al trabajo. No sé, de repente ha decidido dar a su vida un giro radical, conoció a Coco y empezaron a salir y en unos meses ya están en otro país diferente llevando un estilo de vida distinto.

Les echo mucho de menos porque verles ya me inspiraba una sonrisa instantánea. Mi aprecio por ellos era enorme y el día que nos reencontremos seguro que será muy especial, como todos los buenos reencuentros.