Compañero de viaje

Y resulta que ayer hablaba de lo a gusto que me encontraba con mi merienda por las tardes viendo los dibujos animados encima de la alfombra del salón…

Esta mañana de domingo, de camino al trabajo, casi a medio camino me he encontrado con un perro de estatura mediana de color negro. Estaba cerca de una chica en un portal, por lo que supuse que era suyo… hasta que el perro me siguió durante unos minutos de caminata y nadie le reclamó a voces. De vez en cuando se hacía el remolón y se quedaba olisqueando, pero al mirar hacia atrás ahí estaba siguiendo mis pasos.

Tras unos minutos más se ha puesto a mi lado y los dos hemos hecho el recorrido al trabajo como si se tratase de un paseo matutino de la mañana de domingo, así lo he sentido. Me he fijado y parecía ser un perro de caza abandonado, por el porte y el rabo cortado. Me ha hecho recordar la cantidad de mañanas que durante más de 13 años disfruté sacando a Yoko a pasear.

Durante un par de ocasiones he tratado de dejarlo atrás para que no sufriese ningún atropello por la zona donde trabajo que hay demasiadas carreteras, pero en vano, siempre me localizaba. Y así hemos llegado a la misma puerta del trabajo. Me ha dado mucha pena dejarle allí sin poder entrar. Aproximadamente a la hora y pico salí a verle y estaba en el empedrado de fuera tumbado y hecho un ovillo para resguardarse del frío esperándo a que saliese. Más tarde se ha metido dentro de recepción y se ha acurrucado en la alfombra del recibidor viendo pasar a todos los trabajadores que entraban hablando sobre el perro.

Allí se ha quedado un buen rato, durante casi dos horas en la que por unos instantes ha sido su confortable alfombra.

Al salir ya no estaba, pero me ha hecho recordar muchas cosas casi olvidadas y ha hecho que este deje de ser un domingo cualquiera.