Liberad a la salamanquesa

Recién llegado a casa mi madre tenía el salón patas arriba buscando una “salamanquesa” (un nombre muy raro que sólo se lo he escuchado decir a ella, cualquier cosa que tuviese patas y repatase por las paredes era una salamanquesa). Pues después de mucho tiempo escuchando esta palabra de pequeño, me he puesto a buscarla en el diccionario y resulta que “salamanquesa” es lo mismo que gecko, vamos, lo que veis en la foto…

No me explico qué hacía aquí en mi casa un animal originario de Asia, pero sí, era un gecko lo que se ha colado. Según ella le había echado insecticida, el primero que ha encontrado, y se había caído de la pared al suelo. Hemos estado buscandolo un tiempo e incluso me he permitido gastar bromas como que estaba en mi cena (se lo creyó).

Cuando casi nos íbamos a dormir, mi padre ha traido a la salamanquesa en un vaso, ahí chiquitita sin moverse. Nuestras intenciones eran diferentes, porque cuando he hablado de dejarla libre mi padre ha disentido. Enseguida he cogido el vaso y he tratado de dejarla fuera por la parte de la ventana de la terraza… mmm. demasiado cerca de mi habitación.

Finalmente con cuidado la he dejado por la parte trasera de casa, dando unos golpecitos en el vaso porque no se movía y estaba como pegada al culo, y ha bajado reptando hasta perderse de vista.

Por si fuera poco, la casualidad me ha llevado (por casualidad) a una noticia de hoy que dice que se ha descubierto el fósil de gecko más antiguo en Myanmar, en ambar fosilizado, conservando pies, dedos y parte de la cola. Data de hace más de 100 millones de años. Y lo hemos tratado casi como un enemigo cuando está aquí desde decenas de millones de años antes que nosotros.

No he salvado a Willy, pero si a la salamanquesa, y además me ha servido para aprender que esa palabra que escuchaba desde niño existe!